Tezanos y el voto «tabernario»

En democracia ese voto vale lo mismo que el de quien estira el dedo meñique cuando toma café o te

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

En democracia todos los votos son respetables. Incluso la opción de no votar. Y también es aceptable valorar, opinar, cuestionar en incluso criticar el resultado de las urnas. Más aún en un país como el nuestro, que cuenta con una ley de partidos que se modificó precisamente para subir el nivel de exigencia, de manera que quienes concurren a unos comicios han pasado por un filtro muy tupido. Por eso mismo, a uno puede que no le gusten los principios y las propuestas de Vox, Podemos, Bildu, ERC, el PP o el PSOE, pero todos esos partidos tienen encaje legal y, por tanto, hay que aceptar que se les vote, como hay que aceptar a los elegidos. Eso de los cordones sanitarios entra más en el terreno de las alianzas de gobierno, que son harina de otro costal. Pero entender un cordón como no hablarse con el elegido o darle la espalda cuando sube a la tribuna -como le gusta hacer a Suárez jr- revela, sobre todo, un escaso talante democrático.

Lo mismo cabe decir de tildar de «tabernario» el voto a un partido. El adjetivo salió de la pluma de José Félix Tezanos, que no sé a qué espera para presentar su dimisión al frente del Centro de Investigaciones Sociológicas. Para empezar, el empleo peyorativo del término es propio de un elitismo aristocrático: ¿acaso Tezanos es más de clubes señoriales como los de la tradición inglesa y por eso le hace ascos a las tabernas? Más aún:en el Reino Unido tienen a gala la cultura tabernaria y sin la misma no se entenderían muchos de sus hitos literarios. De hecho, España es un país tabernario, de bares, cafeterías y, como está viendo ahora, de terrazas. Por eso en gran medida vienen por aquí -o venían- millones de extranjeros de vacaciones, pues les encantaba esa cultura de la cervecita y la tapa a precio bajo en comparación con lo que se paga en sus países por los elevados gravámenes al alcohol.

Y en democracia el voto tabernario vale lo mismo que el de quien estira el dedo meñique cuando toma café o te, como pudiera ser el caso de Mr. Tezanos... Debiera saberlo mejor que nadie quien está al frente del Centro de Investigación Sociológicas pero se ve que le puede un clasismo ideológico fuera del tiempo y, sobre todo, del cargo que desempeña.

¿Se han podido equivocar los madrileños con su voto? Pues pudiera ser, pero eso solo demostrará el tiempo y serán ellos quienes lo juzguen. Entrar en el terreno de las descalificaciones ahora es impropio de una democracia consolidada.

En todo caso, y a la salud del señor Tezanos, pediré otra ronda en la taberna / bar / cafetería de la esquina.