Por si le interesa

Tápese la nariz..., pero vote

09/10/2019

Gaumet Florido

Lo fácil es desentenderse. Lo fácil y lo que se merecen estos que dicen que gestionan la cosa pública. Los ciudadanos hemos cumplido con nuestra parte del pacto democrático. Nos hemos movilizado el día, mejor dicho, los días que nos han convocado y ejercimos nuestro derecho al voto. Varias veces. Y no ha valido de mucho.

Para ellos no somos más que espectadores en un campo de fútbol en el que juegan a meternos goles

Es cierto. Nuestros representantes, da igual el color político, se enredaron en la espiral de sus intereses partidistas y personales y se olvidaron de que están al servicio de un país y del interés general de los que lo habitamos. Nadie cedió nada ni por nadie. Es decir, que nos vuelven a poner la pelota en nuestro tejado. La tentación, insisto, es ponerse de brazos cruzados o darle la espalda para no cogerla. Para hacerles el feo. Pero no debemos caer en esa trampa. La democracia es nuestro único patrimonio político real y nuestro deber como ciudadanos es defenderlo a capa y espada. Incluso de aquellos a los que tenemos que elegir. La pelota, ya lo ven, va y viene, pero el juego es nuestro.

Si le huele mal, tápese la nariz, pero vote. Olvídese, o trate de olvidarse, de las farsas con las que nos obsequiarán a partir de ahora los líderes políticos. Para ellos no somos más que espectadores en un campo de fútbol en el que juegan a meternos goles. Nosotros somos sus porterías. Y para eso vale todo, desde jugar con las penalidades de nuestros mayores y ofrecer un derecho, el de la dignidad de las pensiones, como si fuera una propina electoral, cambiarse la chaqueta cuasi azul falange de hace cinco meses por la azul gaviota de toda la vida sin que se te arrugue la camisa, levantar vetos a la banda de rojos para decir ahora que aceptarán la rosa por muchas espinas que tenga, exaltar a los nostálgicos del franquismo con bravuconadas de macho ibérico que desprecian tanto la verdad histórica como la inteligencia de los que les escuchamos, o vestirse de víctima dolida por el ninguneo del socio que nunca le quiso pero al que, en el fondo, y se notaba, siempre despreció.

En fin, tengan paciencia, pero no se dejen distraer por tanto dislate y elijan. Repitan o cambien el voto, pero no desperdicien la oportunidad de seguir reivindicando un modelo que, a la vista de lo que algunos, o unos muchos, echan de menos a Franco, o a sus restos, aún tiene que blindarse ante tentaciones suicidas.