Imagen de archivo de un corredor en una prueba de la Tamadaba Trail. / C7

Tamadaba, una joya de trail

«Se trata de un auténtico encuentro consigo mismo y con la isla, que surge en los sentimientos más identitarios de quienes cada año regresan a ella y la afrontan como si fuera la primera vez»

Juan José Laforet
JUAN JOSÉ LAFORET Cronista oficial de Gran Canaria

Tamadaba es un canto que se escapa de lo más hondo del sentir isleño. Es un sábado de tibio invierno con el que han soñado muchas generaciones de grancanarios, con el que disfrutan miles de visitantes foráneos. Es la ilusión de un paraíso donde residen las nubes, donde los rayos del sol se cuelas en el umbrífero espesor de los pinares, donde perduran las risas, el vocerío y los cantos de la niñez. Y si fue un olimpo isleño para los antiguos pobladores de la isla, ahora lo es cada año para quienes consagran sus horas deportivas al trail y tienen aquí una de las carreras más sugerentes y míticas de Gran Canaria, la Tamadaba Trail.

Una prueba en la que, desde las primeras horas de la mañana, los corredores, tras momentos de inquietud y nerviosismo, contemplando las alturas señeras de aquellos riscales, se disponen a correr por los senderos que llevan al pinar, que descienden a San Pedro por la sugestiva e intrincada senda que pasa por Berbique, donde en sus rocas permanecen engarzados rumores perennes de tantas 'bajadas de La Rama'. Y este deambular deportivo es también una reflexión profunda y un sentimiento que florece con la piel irisada y alguna emotiva lágrima. Correr aquí, detenerse unos instantes es sumergirse en el ser y sentir de «…una amplia cuenca entre bloques enormes de macizas montañas, do crecen los pinos, cuyo verdor y perenne floración intensa lo hacen rincón afortunado de estos ya afortunados campos y paisajes canarios…», como propone la antigua crónica de Pablo Artiles, para quién, además, la «…naturaleza extremó allí su lujosa vegetación… Un frescor agradable baja de las cumbres bravía, y una brisa reconfortante penetra en el valle desde el cercano mar…». Un texto y una descripción que parece como escrita pensando en estos modernos centauros del trail, deportistas de una fuerza y una destreza descomunal, pero también gente para la que todo esto es parte de un ser y un sentir, de una identidad y de una cultura, que, con su esfuerzo, también transmiten.

Y es que la Tamadaba Trail es mucho más que una carrera, que una mera prueba deportiva. Sí es verdad que es una gran cita, sugerente y de verdadero trail, en un orbe tan llamativo como el isleño, donde las cumbres emergen del propio Atlántico, también lo es que se trata de un auténtico encuentro consigo mismo y con la isla, que surge en los sentimientos más identitarios de quienes cada año regresan a ella y la afrontan como si fuera la primera vez, o de quienes acuden sin experiencia previa y se encuentran de repente inmersos en eso que se ha dado en denominar 'paraíso isleño', pero que nunca concretamos en unos paisajes determinados.

Quizá por ello, la Tamadaba Trail es casi una celebración sagrada tanto por la memoria de los antiguos rituales aborígenes, que desde esta alta e inmensa peña del pinar exclamaban un '¡Atis Tirma!', como por la importancia que, para una magnífica propuesta de Trail, tiene su trazado desde un punto de vista de técnica deportiva.

Ahora la Tamadaba Trail vuelve el primer sábado de diciembre, y esta fiesta del deporte de montaña retorna al Valle de Agaete, a la empinada subida de San Pedro y a los sugerentes senderos de El Hornillo, El Sao y Los Berrazales, a adentrarse en el alma del pinar. Pero no se quedan aquí, pues como oníricos rameros de una Bajada de la Rama atemporal, tomarán los senderillos del barranco para llegar al mismo corazón del pueblo de Agaete, que, con Tamadaba al fondo y la mar insinuándose carretera abajo, les esperará palpitante y, con toda la alegría y animación que es innata en su vecindario, les recibirá y hará de la jornada una auténtica fiesta agaetera e isleña, donde resonaran graves y sagrados los versos de Néstor Álamo: «Tierra mía; Pino verde y negra playa, Tierra de mis alegrías ¡Ay Pinar de Tamadaba!». Un sábado de tibio invierno donde surge, por Tamadaba, una joya del trail que se incrusta pronto en el alma de cuantas personas la conocen y la disfrutan.

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