Las vacunas han demostrado su eficacia. / Juan Carlos Alonso

Desde mi sofá

Selección natural

La vacuna es la única defensa y los que la rechazan que se aferren a sus ideas y a la suerte para sobrevivir

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

Cuando arrancó esta pesadilla, en marzo de 2020, el Gobierno británico apostó en un principio por no tomar medidas drásticas para frenar el avance de contagios de la covid-19 para intentar alcanzar una inmunidad natural entre la población. Una vez que le vieron los colmillos al enemigo vírico y que no había forma conocida más allá de las duras restricciones para meterlo en cintura, optaron por seguir la misma línea que el resto del planeta.

Ahora, la realidad es distinta gracias a las vacunas. Su eficacia a estas alturas es indiscutible. Un dato lo pone de manifiesto. Con el 'boom' de contagios que sufrimos en la actualidad, sin las inoculaciones los hospitales, las UCI y las morgues estarían más repletas de individuos que el enclave urbano más sobrepoblado del planeta. Pero el peligro sigue y es considerable. Porque las vacunas son eficaces, pero no milagrosas y aún queda por verificarse cómo resisten a Ómicron.

Tal y como avanzó en su comparecencia pública el consejero de Sanidad del Gobierno de Canarias, Blas Trujillo, ahora la realidad no se analiza tanto en virtud del número de contagios diarios sino de la presión asistencia y hospitalaria.

No lo dijo, ni lo dirá. Es evidente. Pero lo que trasciende de sus palabras es que hemos entrado en una fase de selección natural. Los que tienen la pauta completa de vacunación, incluida la inyección de refuerzo que está en marcha por edades y de forma descendente, superarán el contagio, si lo tienen, en su mayoría sin enterarse, con leves síntomas y sin pisar un hospital. Los negacionistas, pues que se encomienden a sus ideas y a la suerte para escapar.