Opinión

Rajoy, cercado

08/04/2018

Dos asuntos acorralan a Mariano Rajoy. Dos nombres propios, dos itinerarios (dentro y fuera de nuestras fronteras, dentro y fuera del PP) obligan a reaccionar a Rajoy. Uno es Carles Puigdemont y el otro Cristina Cifuentes. Ha sido una semana intensa que tapa cualquier expectativa de recuperación de los populares. Y no pueden seguir así. El primero porque destartala el discurso de la vigencia del Estado de Derecho ante el intento secesionista o golpista, una teoría real que difícilmente se plasma en la europeización de la posverdad. El segundo desgarra una de las figuras mejor valoradas en el centroderecha y urge a buscar un recambio a corto plazo e ir pensando en candidatos para las instituciones de Madrid, justo uno de los feudos electorales tradicionales del PP.

Puigdemont sigue en el intento de convertirse en un mártir de la causa independentista. Ya ha pasado unos días en prisión y su imagen pública ha recorrido media Europa. Lo que él hace tiene arrastre mediático. Y lo que se va comprobando es que el poder central no puede actuar con los independentistas con mecanismos que valían para el Estado nación pero que difícilmente se mantienen ahora con la globalización, las fronteras abiertas dentro del proyecto comunitario y las redes sociales. No puede combatirse políticamente a Puigdemont como si fuera un líder revolucionario cubano contra España a finales del siglo XIX o un independentista de los de antes. Las reglas políticas son otras. Más sofisticadas, tienen más rendijas. Y en ese abanico se mueven los soberanistas. Eso no quiere decir que la aplicación del artículo 155 de la Constitución no tenga su público, que lo tiene, pero sí es relevante interiorizar que la batalla entre Madrid y Puigdemont no se arregla con los viejos usos por muy legítimos que sean. La disputa persiste. Y Puigdemont no renuncia a volver a Cataluña para tomar las riendas institucionales. Quizá, Rajoy se arrepiente de no haber tratado con Artur Mas el pacto fiscal a modo de mal menor.

«Quizá, Rajoy se arrepiente de no haber tratado con Artur Mas el pacto fiscal a modo de mal menor»

Por su parte, Cifuentes no despeja las dudas y con cada jornada que pasa tiene en su contra más titulares y declaraciones que ponen en entredicho su relato. Y ya no tiene a su lado a la Universidad Rey Juan Carlos cuyo prestigio ha descendido notablemente a cuenta del título (o no título) que dispone Cifuentes. Ella emprende una huida hacia adelante que puede romper al PP. Se está jugando todo Rajoy si permite un respaldo hacia Cifuentes que cuando menos es para reconsiderarlo. La trama promete. Y de momento todo apunta más a su caída política que a salvaguardar el máster y, por lo tanto, su versión. Lo mínimo que puede hacer el PP en aras de su futuro electoral es afianzar el silencio a la espera de si en breve debe forzar su marcha. Ha alcanzado tales límites el pulso entre Cifuentes y la investigación periodística que va haber responsables por lo ocurrido. Y es una vergüenza para el mundo universitario así como una burla el embrollo causado por ese máster pendiente de atestiguar por Cifuentes. Por ahora, el título no está acreditado.