Por si le interesa

Que Risco Caído tire de los demás

10/07/2019

Gaumet Florido

Fue hace cosa de siete años, pero aún recuerdo con cierta claridad la emoción que me produjo entrar en aquella enigmática y, por entonces, desconocida cueva número 6 de Risco Caído. Fui de la mano del arqueólogo Julio Cuenca, y con otra compañera del periódico, Teresa Artiles. Sentí que allí había algo especial. He visitado y disfrutado de muchos yacimientos en la isla, pero nunca había visto uno así, con aquella cúpula por cubierta.

Un reconocimiento así es bastante más que una medalla. Es un compromiso, es una exigencia. No solo de cara a la Unesco, sino de cara a nuestro propio patrimonio histórico, y particularmente, de nuestro patrimonio arqueológico

Dicho esto, lo confieso. Nunca imaginé que llegaría a verla formar parte nada más y nada menos que de un Patrimonio Mundial de la Unesco. El paisaje cultural que conforma junto al resto de las llamadas Montañas Sagradas de Gran Canaria merece ese reconocimiento, no lo dudo, pero tampoco me cabe duda alguna del mérito que en esta distinción tiene el trabajo riguroso, sacrificado, constante y tenaz del equipo de personas que ha llevado adelante este expediente a lo largo de tantos años, desde Cuenca, que lo descubrió y ha liderado su puesta de largo, hasta los políticos y técnicos del Cabildo que han aportado su granito de arena.

Aún es pronto para digerir la verdadera dimensión de tremenda hazaña, pero no debemos tardar en tomar conciencia de la responsabilidad asumida. Un reconocimiento así es bastante más que una medalla. Es un compromiso, es una exigencia. No solo de cara a la Unesco, sino de cara a nuestro propio patrimonio histórico, y particularmente, de nuestro patrimonio arqueológico. Confío en que los focos que han iluminado Risco Caído y el resto de los yacimientos vinculados a lo sagrado que forman parte del paraje ahora galardonado saquen de la penumbra, cuando no de la más tétrica oscuridad, al resto de los enclaves de filiación prehispánica que llevan años sumidos en el abandono, castigados en el limbo del olvido por desidia o simplemente por ignorancia de los que han gestionado la cosa pública. Que esa luz de políticas, inversiones, cuidados e investigación que ahora favorecerán a los yacimientos tocados por la varita de la Unesco haga de faro, y no de eclipse, para marcar el camino de la lista de obligaciones nunca cumplida con otros tantos yacimientos.

Es verdad que en los últimos años se han hecho más esfuerzos que nunca antes en la historia de Canarias para rescatar ese patrimonio, de entre los que quizás la Cueva Pintada sea el mayor exponente, pero aún queda mucho por hacer. Y no basta con proteger, investigar y restaurar los vestigios conservados. Hay que concienciar y difundir su valor entre los ciudadanos, para que los aprecien, y entre los turistas, para que los visiten. Solo así tendrán futuro, para que generen riqueza. No basta con abrirlos. Que le pregunten si no a las empresas que gestionan los ya en marcha. Se las ven y se las desean para atraer público. Ellos también son Risco Caído.