Pedro Sánchez, este martes, en una reunión por videoconferencia con el presidente de Irlanda. / EFE

Por la puerta de atrás

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

No deja de ser paradójico que en plena supuesta era de la transparencia en la gestión pública, sometida incluso a una regulación legal específica, una clave de bóveda de la política exterior española como es la cuestión del Sáhara Occidental haya podido ser despachada, y modificada, en un giro de 180 grados, por una simple carta del presidente del Gobierno español al rey de Marruecos. No pasó por el Consejo de Ministros ni por el Parlamento, que es, por cierto, donde reside la soberanía de este país. Pero, peor aún, los españoles nos enteramos por Mohamed VI, cuando él quiso y cómo él quiso.

España se lava las manos de su responsabilidad histórica con el Sáhara y con el pueblo saharaui y se rinde a los intereses de la monarquía alauita en un acuerdo opaco del que ni siquiera sabemos si ha quedado plasmado por escrito y con qué condiciones.

A este oscurantismo se le une la torpeza comunicativa de un ministro, Miquel Iceta, que al hacerse eco de una información del Periódico de España, intensifica la carga de veracidad que pudo tener la noticia al replicar su titular: 'El acuerdo obliga a Marruecos a desistir de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias'. Solo leerlo indigna, y el problema es que, como las explicaciones de este viraje han sido tan exiguas, tampoco sabemos si Iceta quiso sumarse a un carro que él creía triunfalista o si su refrendo con el tuit es fruto de una información que él sí maneja y, por tanto, certifica.

De ser así, entiendo que el error sería mayúsculo. No hay acuerdo posible sobre lo que no tiene discusión ni tampoco está en cuestión. Es inadmisible que la integridad territorial de un Estado esté a merced de ningún acuerdo con un tercero. Hacerlo es una manera de ponerla en solfa.