Colas del hambre ante la sede de Cáritas, en Las Palmas de Gran Canaria. / Juan Carlos Alonso

Promesas no, realidades

La aprobación de la ley trans, un hito; los nefastos datos en asistencia social, un insulto

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Nada más lejos que pretender realizar un canto al cortoplacismo, porque bienvenidas sean las prospectivas que pergeñen un futuro lejos de los inmediatos horizontes electorales, que son por los que se guían los actores políticos; pero sí conviene no olvidar que de planes estratégicos están las estanterías de las instituciones públicas llenas. Ahí están como clamorosos ejemplos de los muchos brindis al sol con los que nos quieren engatusar, mientras la realidad nos acogota. Vale y es necesario pensar en clave de futuro, pero sin perder de vista la congoja de ahora, teniendo claro que no solo de promesas vive el hombre, más aún cuando el suma y sigue de engaños que hemos padecido parece no tener fin.

Hace unos días el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, presentó, con mucha vistosidad, la Agenda España 2050 en la que se nos alumbraba un país, dentro de tres décadas, no lo olvidemos, con tan solo un 7% de paro, una jornada laboral semanal de 35 horas, un transporte sostenible, etc, etc. Nada que objetar.

Casi al mismo tiempo, en una entrevista a este periódico, Noemí Santana, a punto de cumplir dos años al frente de la Consejería de Derechos Sociales del Gobierno de Canarias, anunciaba que las islas mejorarán «de aquí a corto plazo» los nefastos datos que arrastra en asistencia social.

Insisto, no es por desmerecer, pero la realidad es tozuda y requiere algo más que promesas, a la vista de que la experiencia nos demuestra que estamos como estamos entre otras cosas y, sobre todo, porque hasta la fecha no ha habido voluntad de corregir las deficiencias estructurales que arrastramos desde hace demasiado y que nos han llevado, con el añadido de la pandemia, a la mayor crisis social en decenios.

¿Haremos de la necesidad virtud? Ojalá, pero permítanme que albergue escepticismo. Esta misma semana en la que el Parlamento regional marcó un hito al aprobar por unanimidad la ley trans, también hemos conocido que el índice DEC (Derechos, Economía y Cobertura) sitúa a Canarias como la tercera peor comunidad en asistencia social. No solo estamos por debajo de la media estatal en todos los indicadores, sino que además en algunos casos las diferencias son insultantes, y eso que antes de que el virus lo derrumbase todo ya teníamos el 35% de la población en riesgo de sufrir exclusión social.

Reconociendo que puede haber habido algunos tibios avances, no son suficientes. Ya tocan realidades y no promesas.