Por si le interesa

Por respeto a las víctimas

14/03/2018

No hay manera, no aprendemos. Los medios de comunicación olemos sangre y vamos a sacar tajada. Lo hicimos con las niñas de Alcácer, con Mari Luz o con Marta del Castillo, lo repetimos con Diana Quer, y lo hemos vuelto a hacer con Gabriel, el pequeño asesinado en Almería. Deberíamos hacer un ejercicio de conciencia. Todo tiene un límite, y la explotación mediática del dolor de una víctima, de su familia y hasta de un pueblo entero debería ser una de esas líneas rojas. Les dejo como muestra un titular que este lunes me impactó. Los cuatro minutos de estrangulamiento de Gabriel: una muerte con sufrimiento. Siento repetirlo, pero creo que era necesario traerlo a colación como ejemplo de lo que digo. Lo publicó El Español. ¿Aporta algo? ¿De verdad era pertinente? ¿Es este el primer caso de estrangulamiento en España como para que fuera preciso detallar cómo sufre la víctima?

Todo tiene un límite, y la explotación mediática del dolor de una víctima, de su familia y hasta de un pueblo entero debería ser una de esas líneas rojas

Pero esta mala praxis no es achacable solo a los medios de comunicación. Los políticos se han convertido, de un tiempo a esta parte, en alumnos aventajados. Han perdido también los escrúpulos y recurren al dolor de las víctimas para sostener sus postulados. Lo digo a cuenta de la actitud del PP y su defensa de la prisión permanente revisable. Cada partido es libre de proponer las medidas en las que crea, pero no comparto que para hacerlo saque rédito político de los que lo pasan mal. No veo bien que Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso, sacara a colación este debate justo después de salir de la capilla ardiente del chiquillo.

A unos y a otros nos deberían marcar el camino las palabras de Patricia, la madre del niño. Pese a su dolor, nos dio un ejemplo a todos. Pidió que cesara la rabia sobre la supuesta asesina y que lo que quedase de este caso fuesen las buenas acciones de estos días. Ah, y pidió también que respetemos su intimidad. Hagámosle caso.