Juan Carlos Alonso

Pobre nacionalismo

No hay ideología, sólo intereses, mercachifleo, indefinición para seguir o retornar al machito

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Por definición la pretensión de todo nacionalismo ha de ser la construcción o consecución de la soberanía nacional; sin embargo, no ha sido esa nunca la intención de los grupos autodenominados nacionalistas canarios con representación parlamentaria, que a lo más han ejercido de regionalistas, de la misma manera que lo han hecho, unas veces más que otras, los partidos de ámbito estatal que también pujan en las islas. Lo de la canariedad, las singularidades y especificidades isleñas nadie osa formalmente ponerlas en cuestión y no digamos 'el sacrosanto' REF, ese fuero heredero del tratamiento especial que ya nos brindaron los Reyes Católicos en los tiempos de la Conquista.

Por tanto, pobre nacionalismo, porque no lo hay y más pobre aún porque ha sido torticera y trileramente utilizado con la única pretensión de hacerse con un espacio político que ha dado sustanciosos réditos, pero todos bien lejanos de su definición. El único hecho diferencial que hay es la que llaman «obediencia canaria» de esos que se proclaman nacionalistas frente a los otros cuya dirección radica en Madrid. Y ya está. En lo demás coinciden en que priman los intereses para perpetuarse o hacerse con el poder.

Escuchar a Fernando Clavijo, secretario general de Coalición Canaria, decir que Nueva Canarias ya no es nacionalista, como si el lo fuera, porque solo defiende su sillón en el Gobierno y en el Cabildo de Gran Canaria, sonroja viniendo de un dirigente de una organización que ha pastoreado por los años de los años en la indefinición y el mercachifleo con la única pretensión de seguir en el machito sin importarle si el REF se cumplía o no, porque nunca se ha cumplido. Y, para más inri, a vueltas con el Tenerife maltratado.

Pobre nacionalismo. Tan pobre que no hay. Ahí continúa, entre tanto, el histórico Partido Nacionalista Canario (PNC) llamando a la unión, mientras el camaleonismo y el oportunismo no parecen corregirse y sigue sin haber una sola propuesta para articular esta sociedad plural. No hay manera.

¿Que NC tampoco es la organización, como decía en su congreso constituyente, que aspiraba a mantener una relación con la sociedad amable y cercana, en la que quede excluida toda relación de superioridad, instrumentación o paternalismo? También está claro.

Machado decía: «hay dos clases de hombres, los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas». Pobre nacionalismo.