A cara descubierta

Plácido Domingo y el fin de la impunidad

16/08/2019

Silvia Fernández

Las acusaciones de acoso relatadas por nueve mujeres esta semana en un amplio trabajo periodístico de Associated Press contra una de las figuras más respetadas de la ópera, el tenor -ahora barítono- Plácido Domingo, ha sido un terremoto en toda regla.

Tras una larga trayectoria de éxitos y un reconocido carácter de persona educada, respetuosa y sensible, estalla un escándalo que para algunos será una mentira, un bulo o una invención y para otros una verdad irrefutable. Lo cierto es que los testimonios de las nueve mujeres que le acusan de acoso dejan poco margen para las dudas. Sus relatos son muy claros y cuentan en detalle cómo Plácido Domingo las acosaba y perseguía de forma insistente para mantener relaciones sexuales ejerciendo una posición dominante, ante el temor de ellas de cargarse su carrera si no accedían a sus deseos o le rechazaban directamente.

«¿Quien le dice no a Dios?», afirma una de las denunciantes en la información de Associated Press. Así que la mayoría de ellas declara que le siguieron el juego -una incluso llegó a tener relaciones con él, hasta que en algún momento le plantaron cara y su carrera, según relatan, o se complicó o no fue tan bien como se esperaba.

Ante estas acusaciones Plácido Domingo remitió un comunicado, en mi opinión, poco esclarecedor. Además de apuntar que él siempre creyó que sus relaciones eran «bienvenidas y voluntarias» y que él es un tipo de persona que «no heriría a alguien intencionadamente ni ofendería ni pondría en una aprieto a nadie», achaca las acusaciones a que las «reglas y los estándares por los que hoy nos medimos han cambiado». Una declaración esta última que da cierto pavor porque da a entender que no se puede juzgar hechos o situaciones que sucedieron hace 30 años en la actualidad porque la vara de medir es distinta. Da a entender que antes a las mujeres las daba igual que las acosaran y se las podía molestar porque era algo aceptado socialmente y ahora no, porque las normas han cambiado. Se confunde. Ese tipo de comportamientos inapropiados son censurables, ahora y hace mil años. El cambio ahora es que la impunidad ha llegado a su fin porque las mujeres han decidido romper su silencio, denunciar el acoso machista y el abuso sexual y reclamar su derecho a vivir tranquilas.

Domingo asegura, confiado, que piensa mantenerse en los más altos niveles de la ópera, sin embargo, sus actuaciones han empezado a cancelarse, sobre todo en Estados Unidos. En Europa aún no. La Ópera de Los Ángeles, que dirige Plácido Domingo desde 2003, ha anunciado la apertura de una investigación que será clave para aclarar los hechos. Mientras tanto, ahí queda la duda.