El Rey emérito Juan Carlos I a bordo del «Bribón», donde navegó ayer sábado / EFE

Una persona decente

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

Antes de elaborar una pieza informativa, y esto vale para todos los medios, se tienen en cuenta dos aspectos: la agenda y el marco. La agenda hace referencia a la relevancia del asunto, a su importancia para la sociedad o, de forma más prosaica, a su importancia para los intereses del medio. En esto radica la mitad de la forma en que los medios influyen en la sociedad: puede que no le hagamos cambiar de opinión, pero le haremos hablar de lo que nos convenga.

La segunda es un poco más sutil y consiste en decidir cómo enmarcar la información, es decir, bajo qué prisma se presentan los temas. Por ejemplo, se habla de una «mujer» de doce años si es la víctima de una violación y de una «niña» de dieciséis si es la que decide abortar. Pondremos en su cabeza un corsé de cuero o unos calcetines hasta la rodilla, según convenga.

Hoy sabemos que, durante años, la agenda mediática sobre el rey Juan Carlos estuvo profundamente falseada. Lo supimos todo de sus regatas y nada de sus andanzas defraudadoras. El enfoque no estuvo menos distorsionado: lejos de presentarnos una persona carente de escrúpulos, como corresponde a quien se sustrae de la Hacienda Pública, se nos mostró al campechano que en los ratos libres se dedicaba a traernos la democracia. Con esta agenda y este marco se pretendía que la corona emergiera como símbolo de la unidad de España. El resultado es que Juan Carlos crea hoy una división entre la ciudadanía como no la consigue ni Miguel Bosé.

Como se observa, a la larga, la agenda y el marco no son garantías de éxito, pues la tozudez de la realidad se impone. Poco importa si, para salvar los muebles, se recurre al discurso baboseante al que hemos asistido durante estos últimos días. Que esto no sirve para nada lo demuestra el comunicado de la Casa Real, al que solo le falta decir que no usará los baños de palacio.

A veces está bien tratar de influir en la opinión pública a través de los medios de comunicación. Pero casi siempre está mejor actuar como una persona decente.