Imagen de archivo de Ignasi Guardans. / EFE

La perfecta feminista

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

Que la pugna política puede ser bronca y desagradable es algo que debe asumir quien se dedica a ella. La falta de argumentos se sustituye en muchas ocasiones con el insulto y la clásica lista de falacias que la filosofía tiene tipificada hace ya bastante tiempo. Pero en los últimos días hemos asistido al uso público de dos conceptos interesantes, el de violencia política y el de cultura de la violación.

El feminismo tiene un largo recorrido académico que, lamentablemente, no conocen en profundidad ni quienes se autodenominan «mujeres progresistas». Y es que el feminismo de oídas es a la política como la autoayuda a la psicología, mera retahíla de frases sin contenido.

De ahí que no llame la atención la escandalera que se montó en el Parlamento cuando Irene Montero criticara la «violencia política» de la que estaba siendo víctima. Utilizar la vida personal para menoscabar a quien opina diferente siempre ha sido el recurso del inútil, lo lamentable de este caso es la complacencia de la mayoría con esta actitud.

Lo mismo puede decirse de cuando la ministra habló de «cultura de la violación». Una expresión igualmente asentada en el corpus académico que, lamentablemente, no conocen sus señorías. Lo sorprendente es que lejos de asumir su estulticia se enorgullence de su ignorancia.

En medio de este debate no pasó desapercibido un tuit del exdirigente conservador catalán Ignasi Guardans, que intentó sentar cátedra con lo que entendía como una posición de consenso: «Se busca urgentemente a una feminista que no grite, que sepa hacer política serena, inteligente, sin tanto grito y sin abroncar a todos los demás. Y si sabe sonreír, mejor», escribió en alusión a Montero. Y de esto es de lo que va, precisamente, el debate: de la búsqueda de un feminismo que sea del agrado de los hombres.