Jaula y arco iris

Pedro y Pedro

17/04/2019
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En mayo de 2017 escribí un artículo premonitorio bajo el título La importancia de llamarse Pedro. En él analizaba el papel de Pedro Sánchez, en ese momento inmerso en las primarias para la secretaría general del PSOE en titánica lucha con Susana Díaz, tras haber sido defenestrado unos seis meses antes. Y, asimismo, indagaba en el papel de Pedro Quevedo, diputado de Nueva Canarias, cuyo voto podía ser determinante para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y para que nuestra Comunidad pudiera salir bien parada en las cuentas públicas tras años de abandono y olvido.

Planteaba entonces las dificultades que tenía Pedro Sánchez al enfrentarse al aparato del PSOE. Pero señalaba también como su situación de víctima de los barones que le hicieron abandonar la dirección del partido y su acta de diputado, así como el descarado apoyo de los medios de comunicación conservadores a la candidata andaluza, le había hecho ganar predicamentos en la militancia socialista. Al final, arrasó a Susana Díaz: más del 50% de votos para Sánchez frente al casi 40% que recibió la entonces presidenta andaluza.

Un año después, Sánchez llegaba a La Moncloa y, en su breve período de Gobierno, intentó aplicar un moderado programa socialdemócrata, con algunas aportaciones sociales interesantes. No pudo hacer nada en el enfangado asunto territorial en Cataluña. Y se metió en más de un lío con relación a Canarias, primero con el intento de retrasar un mínimo de seis meses la aplicación del 75% en los billetes Canarias-Estado por parte del ministro Ábalos, y, más recientemente, con la dilación del cumplimiento de lo establecido en los Presupuestos estatales de 2018 respecto a las ayudas al agua de riego agrícola.

El otro Pedro, Quevedo, bautizado por los medios de comunicación estatales como el diputado 176, jugó muy bien sus bazas en aquella interesante coyuntura parlamentaria que se dio tras las elecciones de 2016. Gracias a su negociación y a las enmiendas presentadas en las cuentas públicas de 2017 y 2018 los canarios y canarias podemos hoy viajar mucho más barato entre las islas en avión o barco. Y, también, hacia otras comunidades autónomas. Lo que ha incrementado de forma más que notable el movimiento de pasajeros entre las Islas y entre estas y el exterior. En uno y otro caso, no se trata de ninguna regalía sino de un tratamiento justo, de una medida correctora, que nos hace un poco más iguales a los españoles del territorio continental.

En esas cuentas públicas estatales también se establecieron ayudas para el agua de riego agrícola -beneficiando a nuestro sector primario-, fondos para luchar contra la pobreza y exclusión social, el cien por cien de subvención al transporte de mercancías (que favorece a nuestro sector primario y a nuestra industria), así como otras destinadas a nuestras universidades para políticas de impulso de la I+D+i, mediante enmiendas que llevan la firma de Pedro Quevedo.

«En los años noventa el Gobierno de Felipe González se negó en rotundo a que Canarias formara parte de la financiación de las carreteras por parte del Estado»

financiación y ref. Por otra parte, Canarias salió tocada y casi hundida en la financiación autonómica de 2009, impulsada por Zapatero y apoyada por la mayoría de las fuerzas políticas, también, incomprensiblemente, por CC. Que nos situó 600 millones de euros anuales por debajo de la media de las comunidades de régimen común. Es decir, que limitó gravemente los recursos de nuestros servicios públicos, dañando a las Islas y a su ciudadanía.

La intervención decisiva del nacionalismo canario en el debate de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2017 y 2018, ha permitido corregir este injusto trato: la Comunidad Canaria dispone este año 2019 de unos 600 millones de euros adicionales que posibilitan colocarnos en niveles medios y, sobre todo, contar con más recursos para la sanidad, la educación o la dependencia.

No es la primera vez que así ocurre. En los años noventa el Gobierno que presidía el socialista Felipe González se negó en rotundo a que Canarias formara parte de la financiación de las carreteras por parte del Estado. Y tuvo que ser una formación nacionalista, Coalición Canaria, utilizando de forma inteligente la aritmética parlamentaria, la que arrancó del Estado esa justa reclamación. Como luego fue decisiva en conseguir los planes de empleo o los de infraestructuras educativas.

Titulaba el martes 9 este periódico que los partidos estatales se olvidaban de incluir los asuntos de Canarias en sus programas para las elecciones generales del próximo 28 de abril. Al final, seguro que realizarán un esfuerzo de última hora y les encontrarán un pequeño espacio, de un par de folios, en un anexo, fundamentalmente para cubrir las apariencias: Canarias no se encuentra en el centro de sus preocupaciones. Y esa circunstancia que puede ser menos relevante para otras comunidades, sí lo es para la más alejada de las nacionalidades, con singularidades, y dificultades, que no tienen el resto.

Con resultar preocupantes esos olvidos del Archipiélago por parte de las grandes formaciones estatalistas, sean de izquierdas o de derechas, lo más grave suele llegar después. Me refiero al momento de desarrollar los programas y poner en marcha las políticas concretas. En sus propuestas (y silencios) en las Cámaras y en la propia acción del Gobierno de turno. En el pasivo papel, salvo muy contadas excepciones, de sus electos. En efecto, analizar las intervenciones y los logros de los diputados y diputadas, así como de los senadores y senadoras, de las formaciones políticas de obediencia central, es un asunto de enorme brevedad que no llevaría más allá de un par de párrafos. Piensen si no en lo que recuerdan del período más reciente, entre 2016 y 2019, de los representantes canarios en las Cortes, quince en el Congreso y once (además de los tres de designación por el Parlamento) en el Senado. Si hiciéramos un sondeo exclusivamente sobre este tema, los resultados serían concluyentes.

Deseable e imprescindible. Considero deseable que en el Congreso de los Diputados que salga de las elecciones del próximo 28 de abril sea posible alcanzar una mayoría progresista que incida en una agenda social potente para construir un Estado español más solidario y justo, con más y mejor empleo, con pensiones sostenibles y suficientes. Y, por supuesto, más feminista y más ecologista.

Pero también, desde estas alejadas y casi siempre relegadas islas, creo que resulta imprescindible que Canarias cuente con voces propias que no tengan que rendir cuentas ni pedir permiso a la hora de tomar decisiones en la sede de una central partidaria en Madrid. De lo contrario, no les quepa duda, volverán los despistes, los olvidos, las incomprensiones, las injustificadas dilaciones y los malos tratos a esta tierra y a su gente. Y Canarias, gobierne quien gobierne, no se lo puede permitir.