‘Os jodéis’, más que una simple anécdota

«Esas ganas de gritar Os jodéis a los pensionistas no es más que un ejemplo del divorcio que existe entre las instituciones y la sociedad»

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

A bote pronto parece una anécdota, una salida de tono más, una de tantas, de un cargo gris del Gobierno central que es más carne de memes que de otra cosa. Pero no. A mí se me antoja que es un síntoma que delata la raíz del mal que está deteriorando a pasos agigantados la democracia española. Ese deseo en voz alta de la secretaria de Estado de Comunicación, mano derecha en tareas informativas del presidente Rajoy, esas ganas de gritar Os jodéis a los pensionistas que les protestaban en plena calle, no es más que un ejemplo, la punta del iceberg del divorcio que existe entre las instituciones y la sociedad. Hace tiempo que no caminan juntas. Y eso, siendo malo para un régimen de gobierno sustentado en el principio de la representación, no es nada si se tiene en cuenta que a las instituciones, y a los que las gestionan, les importa un bledo. Es más, se sienten cómodas en esa lejanía, porque, al fin y al cabo, hace tiempo que no buscan representar a nadie. Usan las instituciones como un clínex para la defensa de intereses partidistas.

De ahí el choteo de los independentistas catalanes con las leyes que rigen en España y con los organismos que les representan, entre ellos, el Parlament, convertido en instrumento de un aprendiz de mesías huido al extranjero e incapaz de afrontar con coherencia la responsabilidad de sus actos. Les da igual garantizarle un gobierno a los catalanes. Primero son ellos y sus aspiraciones independentistas, legítimas si no fuera porque recurren al delito para conseguirlas. O la falta de respeto, cuando no el desprecio, con el que trató al cargo que ostentaba la ya expresidenta de la comunidad de Madrid. Cogida en el engaño, Cristina Cifuentes se aferró a él manchándolo con su indignidad. O la frialdad burócrata con la que han reaccionado decenas de jueces e incluso juezas a la contestación social que despertó la incomprensible sentencia de la Manada. Se escudan en la necesaria independencia judicial, que nadie discute, pero se echa de menos más sensibilidad. O, sin ir más lejos, en la gestión de las pensiones en España. Los mayores tuvieron que tirarse a la calle, como cuando jóvenes, para que alguien en este bendito país reconociera sus derechos a los que tanto lucharon por este tinglado.