Nuevos tiempos, viejos vicios

«Nardy Barrios consiguió ‘embelesar’ a 12.833 ciudadanos del municipio y ahora los deja en la estacada»

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

Dicen los más viejos del lugar que los políticos están todos cortados por la misma tijera y, aunque pasen los años, continúan manteniendo los mismos vicios que sus predecesores. Me cuesta entender cómo puede ocurrir esto cuando hace casi dos décadas que hemos cambiado de siglo y ya no es todo como antes, cuando las campañas se programaban de manera artesanal tratando de convencer a los votantes con promesas que, en su mayoría, iban a incumplir si salían elegidos. Eran otros tiempos, en los que solo una pequeña parte de la población tenía acceso a la hemeroteca para cotejar si los compromisos se cumplían o las promesas de pactar con unos sí y no con otros se ejecutaban.

Pero, ¿ahora? En la era de la información en la que cualquiera puede sacar el móvil del bolso o el bolsillo para consultar programas electorales, comparecencias públicas de los candidatos, sus declaraciones en los medios y demás familia, sigo asistiendo estupefacto a lo clásico. El típico antes dije una cosa, pero ahora digo la otra y no pasa absolutamente nada... Y si no, que se lo digan a Vidina Espino, de Ciudadanos, que ha demostrado sus pocas tablas en esto de la política cuando primero dijo que iban a acabar con el «sistema clientelar de enchufismo y amiguismo» llevado a cabo durante 25 años por Coalición Canaria y luego, cuando llegó la época de los pactos, manifestó que creía a Fernando Clavijo, investigado por el caso Grúas, «cuando asegura que es inocente» y anunciaba que se iban a sentar «a hablar con CC» olvidando la directriz de su partido de no pactar con candidatos investigados judicialmente por casos de corrupción, aunque también es cierto que, cuando se dio cuenta del lapsus, corrigió su discurso inicial. La pena es que la hemeroteca esa tan famosa, lo recuerda todo.

Y en la otra acera están los que lo prometen todo, que van a hacer lo imposible por sacar adelante su proyecto político, que piden la confianza de la ciudadanía para cambiar todos los desaguisados cometidos por los que nos gobiernan y, a las primeras de cambio, si las cosas no salen como creían, se tiran del barco sin mirar hacia atrás. Este es el caso del ciclón Nardy Barrios, la gran protagonista de la campaña electoral en Las Palmas de Gran Canaria y que consiguió embelesar –como diría ella– a 12.833 ciudadanos del municipio para que la votaran y ahora los deja en la estacada. Ella dice que es por «responsabilidad», pero quizás un acto de responsabilidad sería representar a estos votantes de manera digna en el Consistorio realizando una oposición firme y que vele por los intereses de los que confiaron en ella. Como no ganó, se va, sin más, dejando con cara de tontos a sus fieles. La despedida más agria para una candidatura que rozó el ridículo.