Jaula y arco iris

Negociar sin ruido

02/12/2019
ETIQUETAS:
- psoe

La alianza electoral para los comicios celebrados el pasado 10 de noviembre ha posibilitado una equilibrada representación del nacionalismo canario en el Congreso de los Diputados. Dos escaños que cobran mucho valor en un marco de enorme fragmentación y sin que resulte fácil establecer mayorías parlamentarias. Y en el que cabe esperar que no se reitere lo sucedido tras los anteriores comicios de abril. Me estoy refiriendo al bloqueo y a la absoluta irresponsabilidad de los partidos estatalistas, su incapacidad para intentar establecer acuerdos, que tanto malestar ha causado en la ciudadanía; y que entre sus consecuencias tiene que apuntarse la cuota de responsabilidad en la modificación que se ha producido en la composición de las Cámaras, a mucho peor desde el punto de vista democrático, con los intolerantes, machistas y autoritarios ganando peso en las mismas.

Como señalaba, los nacionalistas han conseguido, en medio de una campaña muy complicada, una equilibrada representación en el plano territorial, con las islas orientales recuperando la presencia de ese espacio en las Cortes tras la frustración que supuso, por la división, los comicios generales del 28 de abril, cuando 70.000 votos en la circunscripción de Las Palmas fueron directamente a la papelera, no se tradujeron en escaño. El regreso de Pedro Quevedo al Congreso es una buena noticia para la inmensa mayoría de los hombres y mujeres que se sienten nacionalistas, al margen de sus particulares adscripciones, partidarias o no. Hubiese sido enormemente irresponsable reiterar las circunstancias de división que se dieron el 28A, impidiendo entonces que se lograra un acta en el Congreso.

Los nacionalistas han logrado, asimismo, una representación equilibrada en el plano ideológico, en las distintas sensibilidades, progresistas y conservadoras, al estar presentes ambas formulaciones. A nadie se le esconde las diferencias que sobre variados asuntos existen actualmente entre los dos electos y entre las formaciones en las que militan, especialmente en la política canaria. Tampoco, el elevado grado de acuerdo sobre los temas que más afectan a nuestra Comunidad en el ámbito estatal, como se demostró en el fértil trabajo desarrollado en años recientes y que tuvo clara expresión en los excelentes resultados para las Islas de las cuentas públicas estatales para 2017 y 2018, así como el desbloqueo del Estatuto y del REF, entre otros asuntos.

Significativo

Sigo pensando que lo ocurrido el 10N resulta un paso importante, significativo, pero también insuficiente para el futuro del nacionalismo en las Islas. El tiempo confirmara su mayor o menor alcance, si el acercamiento ha sido anecdótico o no. También la fortaleza de los que, en una y otra orilla, reniegan de la unidad. En definitiva, en los próximos años se podrá aclarar si el nacionalismo va a seguir siendo un ámbito fundamental en lo social, en lo político, en lo institucional. O si, por el contrario, su peso quedará sustancialmente reducido, sin capacidad de influencia determinante en la toma de decisiones para hacer avanzar esta tierra y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

De momento, nada está escrito, todo es posible. Sus dos sectores tienen mucho que reflexionar sobre el presente y el futuro, sobre lo hecho y lo por hacer. Saliéndose del enorme pragmatismo cotidiano que deja muy poco tiempo al imprescindible análisis. Nueva Canarias sobre sus localismos, techos -territoriales y electorales- y limitaciones. Coalición Canaria sobre cómo es posible perder casi toda la dirección institucional pese al hecho de haber conseguido un más que notable resultado en las urnas en mayo, con factores tan influyentes como su pérdida de centralidad. Ambos, eso considero, deben replantearse sus postulados nacionalistas y su actualización para ser útiles a la Canarias del siglo XXI y construir una sociedad más justa, equilibrada, solidaria y sostenible. Muchas de las fórmulas de ayer ya no sirven.

La concurrencia en las elecciones de noviembre ha servido para confirmar, además, que, desde la generosidad y la altura de miras, desde la adopción de un programa progresista conjunto para defender a Canarias en el ámbito estatal, se pueden y deben establecer acuerdos. Sin ombliguismos, visiones parciales y planteamientos localistas o personalistas. Poniendo por delante el interés global de Canarias y no insistiendo en pasados agravios, de los que cada uno y cada una seguro que tiene una poblada y, sobre todo, paralizante lista.

Ese incipiente y frágil entendimiento tiene ante sí una de sus primeras pruebas de fuego. Me estoy refiriendo a la negociación que se abre este lunes en Madrid con el PSOE para establecer el apoyo o no del nacionalismo canario a la investidura de Pedro Sánchez y al Gobierno progresista que pretende impulsar junto a Unidas Podemos, superando los desencuentros que llevaron a la repetición de las elecciones en apenas seis meses. Ha habido mucho estruendo en las semanas previas. Ahora corresponde llevar a cabo la negociación de forma responsable y rigurosa. Sin ruido.

Catálogo

No se trata de ofrecer un cheque en blanco a los socialistas, cosa que no hará tampoco su principal socio, UP, recuperado ya Sánchez del insomnio, ni el resto de las formaciones políticas necesarias para poder alcanzar los diputados y diputadas suficientes para la investidura. Tampoco se trata, eso considero, de redactar un amplio catálogo de nuevas reivindicaciones para el Archipiélago que sirva de documento negociador con el PSOE. O, más bien, que pueda servir de pretexto para romper las negociaciones antes de que los interlocutores culminen la primera reunión.

Lo que si resulta exigible es que el nuevo Gobierno central -si Pedro Sánchez y su partido logran finalmente los suficientes apoyos para la investidura- cumpla con Canarias. Por supuesto, en la parte que le corresponde al Estado en el desarrollo del nuevo Estatuto y del reformado Régimen Económico y Fiscal (REF), aprobados en 2018. Así como en las derivaciones de los acuerdos establecidos con los nacionalistas canarios en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de los años 2017 y 2018.

Puede parecer poca cosa pedir que se cumpla con lo legislado y con lo pactado por la administración central con nuestra Comunidad. Pero, desafortunadamente, no lo es en modo alguno: esta tierra tiene mucha experiencia de graves incumplimientos y olvidos por parte de las formaciones estatalistas gobernantes de diverso signo. Lo que obliga a estar siempre alerta para evitar que se produzcan desagradables sorpresas. Negociando sin ruido, pero con la responsabilidad de contribuir modestamente a que pueda haber Gobierno y, asimismo, con la firmeza que requiere la defensa de los legítimos intereses de Canarias.