Morales y el pacto del Cabildo

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL

Cuando Antonio Morales llegó a la Casa Palacio del Cabildo en 2015, el ciclo político era otro. A saber, el bipartidismo se derrumbaba tras los comicios europeos de 2014 y persistía la estela del 15M. Alcanzó la Presidencia aupado tras su gestión acreditada como regidor de Agüimes donde capitaneó, junto a otros, la modernización del triángulo de la pobreza en Gran Canaria. Su nombre sonaba y sus reflexiones en prensa sobre diversas materias (donde ya adelantaba su modelo de ecoisla) le otorgaron un aura que enseguida conectó con las clases medias de la capital. Su triunfo entonces, con un PSOE en horas bajas, inauguró una etapa que, sin embargo, en 2019 y al calor del éxito inesperado de la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, el PSOE pensaba que tocaba, a toda costa, darle carpetazo. Morales se le antojaba como una especie de elemento exótico (salvando las distancias, un Pedro Lezcano del siglo XXI) o un paréntesis que procedía cerrar. Al final, y después de una campaña electoral de tierra quemada contra el nacionalismo progresista, Morales pudo renovar su mandato. No sin sobresaltos varios. De hecho, mientras el Pacto de las Flores se perfilaba, él junto a Carmelo Ramírez y otros dirigentes tuvieron que ahormar el equipo de Gobierno porque el PSOE insular no acababa de zanjar el acuerdo. Los días pasaban, había largas y la institución no podía seguir en la interinidad. El presidente asumió la responsabilidad.

Se cumple un año de aquello, Morales tiene en la cabeza la hoja de ruta del Cabildo y sabe qué consejeros del pacto están trabajando debidamente y cuáles, los menos, están en modo flotador sin dar los réditos que se exige. Y, por supuesto, subyace el convencimiento de que antes o después la guerra política retornará. Con todo, se sustenta en la premisa de que el Cabildo es cosa del PSOE o si acaso del PP, pero ya está. Y, de ahí, que Morales tuviese (pensaban) una estancia de tan solo cuatro años; y que con eso ya era más que suficiente para achicar a Nueva Canarias.

Con estos antecedentes, el ataque regresará y se agravará llegado el momento procesal oportuno; sea Morales u otro candidato. Dicho de otra forma, hoy por hoy se antoja difícil prolongar sin más la mencionada trayectoria nacionalista. Impedirán, a todas luces, que Morales tenga un tercer mandato y si otro se convierte en el cabeza de cartel igualmente irán a por todas contra el mismo pues, de ganar, significa que se consolida ya del todo la presencia de Nueva Canarias en el Cabildo. Todo esto, del modo que sea, está latente en el quehacer cotidiano del pacto. Y mirar hacia otro lado desdeñando lo sucedido y creyendo ingenuamente que en 2023 no pasará nada, es hacerse trampas al solitario. Por el contrario, exige una estrategia política previa, a armar desde ahora y abrir el pertinente debate interno. Permanecer impávido lo tres cursos que restan, es ignorar el relato de la cruenta pugna mantenida. Y eso se paga caro, muy caro.