Papiroflexia

Mi casa

27/05/2018

El día que el lobby hotelero denunció y apuntó a las plataformas de alquiler vacacional como el causante de todos sus males, incluso de los sueldos atávicos o la precariedad laboral de las kellys, muchos comenzamos a intuir que las instituciones públicas se pondrían a sus pies e intentarían ponerle puertas al campo. Ahora el argumento demoniza al turista que utiliza esas plataformas y estigmatiza al pequeño o mediano propietario.

El mantra del turismo sostenible, no invasivo con las ciudades, y la protección de los precios del alquiler es el dogma en el que se amparan gobiernos, cabildos y ayuntamientos cómplices de terratenientes o conglomerados hoteleros. Y es que al parecer, las viviendas vacacionales provocan que las ciudades estén abarrotadas de gente y no se pueda vivir tranquilamente, hasta el punto de que hay que limitar el número de turistas. Turistas, según los interesados, que son engañados y a los que se no se les ofrece un servicio de calidad en estas viviendas... Como si estos turistas fueran tontos y no supieran de antemano lo que contratan en origen.

Eso les pasa con hoteles setenteros en las zonas turísticas del sur de las islas y no se remedia.

En las comunidades reacias a las viviendas vacacionales o los vecinos molestos por estos alquileres no se quejan de que el vecino del quinto le alquiló su piso a una familia numerosa que mueve muebles con niños insoportables o que el del portal contiguo se lo alquile a estudiantes Erasmus con las hormonas revolucionadas. No. El turista es el demonio que nos invade y el comunero que se forra con los guiris es un desconsiderado. Aunque cumpla con Hacienda como todo hijo de Dios.

El alquiler vacacional y el éxito de las plataformas que las ofertan han catapultado el precio de los alquileres según denuncian afectados los defensores de los hoteles y los inquilinos indignados. ¿Cómo no prohibirlas o, al menos, regularlas con normas disuasorias?

«Pasa con hoteles setenteros en las zonas turísticas del sur de las islas y no se remedia»

El problema es que la tarta se ha repartido y todos quieren la porción más jugosa. Los hoteleros quieren deshacerse de la competencia y monopolizar el negocio, los bancos y fondos buitre explotar su stock de viviendas, las administraciones controlar y recaudar más por el nuevo fenómeno y los inquilinos tradicionales, seguir viviendo en primera línea de playa pagando una renta antigua. Por eso incomoda la vivienda vacacional. Por eso se quiere limitar o regular su alquiler. Intentando vulnerar, incluso, el derecho a la propiedad y que el pequeño propietario, obligado siempre a cumplir con la ley, pueda hacer lo que le de la gana con su casa.