El mercado laboral y las fiestas

No hay rastro de transformación del modelo económico

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

El mercado laboral se reactiva, o eso es lo que dicen las estadísticas oficiales, como las conocidas ayer. Y acto seguido hay que afirmar que es la consecuencia de que la economía se recupera, de un retorno lento pero paulatino a la normalidad, entendiendo como tal la forma de ser este mundo antes de la aparición del coronavirus covid-19.

En el caso de Canarias, las cifras son muy positivas. Como siempre, son mejores si miramos el vaso y nos empeñamos en verlo medio lleno. Lo digo porque antes de la pandemia éramos campeones en desempleo y es indefendible que asumamos la cifra de 200.000 personas sin trabajo como si fuese nuestro mínimo de paro estructural.

El retorno poco a poco del turismo y un aumento del consumo vinculado al ansia por celebrar que parece que la covid está bajo control son determinantes para esa evolución positiva en el mercado laboral canario. Y en gran medida en todo el estado. No hay rastro de transformación del modelo económico, tampoco de una decidida apuesta por la sostenibilidad ambiental o por la digitalización. Con todo eso se nos llenó la boca en los peores momentos de la pandemia, pero en cuanto se relajan las restricciones, volvemos a lo de siempre y lo damos por bueno: una economía sostenida en exceso en el sector servicios.

A poco que coja la velocidad la recuperación, también se nos olvidará que la apuesta por lo público ha sido determinante para que el impacto de la pandemia fuese algo menor. Lo digo porque las administraciones públicas están en vísperas de la confección de sus respectivos presupuestos, y más pronto que tarde escucharemos voces que hablarán de adelgazar la estructura pública porque lo peor ya ha pasado. Son, por tanto, excesivos los deseos de echar las campanas al vuelo por cifras como la de ayer. Por supuesto que hacen falta buenas noticias y mucho mejor si el ritmo de crecimiento es superior a la media estatal, pero convertir esto en una fiesta es innecesario, además de indefendible. Y puede que hasta inmoral.

En medio de las celebraciones, espero que no quede en flor de un día la convicción de que había que repensar nuestro modelo productivo, darle más robustez y hacerlo más sostenible. Y no solo en lo medioambiental: también en lo social. La fiesta, en suma, si hay que hacerla, solo estará justificada el día que puedan acudir todos. Con 200.000 personas esperando por un empleo, pues mejor no tirar voladores.