Jaula y arco iris

Mediocre Mundial

11/07/2018

Escribo este texto horas antes de la celebración del primer encuentro de semifinales del Mundial de Fútbol de Rusia, que enfrenta a Francia con Bélgica, dos selecciones mestizas para disgusto de populistas y xenófobos. Es decir, tras casi un mes viendo partidos del evento que comenzó el 14 de junio y que finaliza este domingo. Ojalá esta última fase nos depare grandes momentos de placer futbolístico que, hasta ahora, no han abundado. Demasiadas precauciones por parte de la mayoría de los equipos y el talento casi escondido. Lo digo evocando a Eduardo Galeano: «Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico una linda jugadita por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece».

El genial Galeano –autor de Ser como ellos, Las venas abiertas de América Latina, El fútbol a sol y sombra, Nosotros decimos no, Días y noches de amor y de guerra, Vagamundo o Mujeres- nos dejó hace algunos años, en 2015, y no pudo encerrarse en su casa, como solía hacer, en este evento futbolero, el quinto de este siglo XXI de hegemonía europea, solo Brasil ganó el de 2002, luego vendrían Italia (2006), España (2010) y Alemania (2014); y ahora volverá a ser otra selección del viejo continente.

El bajón del fútbol suramericano es más que evidente; Brasil viene de fracasar en casa en 2014 y no logró levantar el vuelo. Uruguay es muy bueno defensivamente y en las puntas pero nulo en el centro del terreno. La Argentina goleada por España en uno de los partidos de preparación es una selección de segundo nivel. Y Colombia sin James se quedó a medio gas frente a Inglaterra, aunque hizo sufrir al equipo de Gareth Southgate, tan práctico como poco brillante.

«Han decepcionado las grandes figuras de la última década, Messi y Cristiano, que no llegaron en su mejor momento, y que, sobre todo, no estuvieron arropados por equipos de suficiente calidad»

África. Seguimos a la espera de que el continente africano termine dando un paso adelante en los grandes torneos; varias de sus selecciones, por lo que ofrecieron, no merecieron tan pronta eliminación. Japón no dio mala imagen y estuvo a punto de dejar fuera a Bélgica, uno de los mejores equipos, con futbolistas del nivel de Hazard, Courtois, Lukaku o De Bruyne. Francia es otro de los grandes conjuntos, con buenos jugadores y un tremendo despliegue físico.

No sé si Galeano hubiese disfrutado con este campeonato del mundo celebrado en tierras del todopoderoso Wladimir Putin. Yo no. O, al menos, tengo que reconocer que no mucho. Fútbol de calidad, a cuentagotas. Equipos de ensueño, ninguno. Futbolistas que encandilen, unos pocos. Coincido con Ángel Cappa en que a lo largo de este largo torneo han sido salvables algunos momentos de Brasil, Bélgica o Francia, detalles de La Roja en su enfrentamiento con Portugal, donde exhibió algunos minutos de buen fútbol, y poco más. En el Inglaterra-Suecia opté, parece que acertadamente, por disfrutar de la siesta.

«Seguimos a la espera de que África termine dando un paso adelante en los grandes torneos: varias de sus selecciones no merecieron tan pronta eliminación»

La despedida del combinado de Rusia, puro anti fútbol, reconozco que me alegró mucho. Solo lamento que no se hubiese producido antes, desde la primera fase. Los anfitriones hubiesen sido enormemente felices en acceder a la tanda de penaltis en todos los encuentros con su planteamiento ultradefensivo y tedioso.

Han decepcionado las grandes figuras de la última década, Messi y Cristiano, que no llegaron en su mejor momento, y que, sobre todo, no estuvieron arropados por equipos de suficiente calidad. Portugal, con sus limitaciones, dio el máximo en la pasada Eurocopa, que ganó a Francia, con un planteamiento a mi juicio muy rácano. Y Argentina es en mi opinión una sombra del pasado, un grupo bastante mediocre en el que el centro del campo titular se parecía bien poco a los grandes creadores que tuvo en otros tiempos. Y el fútbol, no hay que olvidarlo, no es un juego de exclusivas individualidades. No basta con tener un crack en el club o en la selección.

Neymar, que tiene unas condiciones extraordinarias, que representa como nadie la importancia del engaño, del uno contra uno, del regate, del cambio de ritmo, llegó a Rusia tras una importante lesión y un año casi en blanco, sin segundas. Fue más referente mediático por sus exageradas caídas y sus intentos de fabricar falsos penaltis que por su juego, del que apenas dejó algunos destellos. Me temo que su falta de cabeza, su ego y un entorno nada favorable, impedirán que llegue a número uno, salvo, probablemente, en ingresos.

Declaraciones. Junto a los avatares en el césped, también se encuentran las declaraciones de los protagonistas. Lamentables las de Sergio Ramos, defendiendo el recurso a «los huevos», como si la testosterona marcara el devenir futbolístico. La Roja que lo ganó todo era, esencialmente, calidad, inteligencia, un gran grupo de jugadores –Casillas, Iniesta, Xabi Alonso, Puyol, Busquets...- bajo la dirección magistral de Xavi Hernández. El invento de un seleccionador valiente, Luis Aragonés, que fue capaz de sacudirse las presiones de los medios de comunicación de Madrid. La famosa furia española solo ha traído, históricamente, fracaso tras fracaso.

«La despedida del combinado de Rusia, puro anti fútbol, reconozco que me alegró mucho. Solo lamento que no se hubiese producido antes, desde la primera fase»

Otras declaraciones merecen tratamiento aparte. Me refiero a las de Óscar Tabárez, seleccionador uruguayo: «De nada sirve ser campeones del mundo si nuestros jóvenes no saben dónde está Rusia, o porque (sic) en el seleccionado francés hay tantos jugadores nacidos en África. Es el momento de cumplir con lo prometido y llegar al 6% del PBI para la Educación Pública». Las recibí por Twitter y por wasap, remitidas por personas rigurosas y defensoras del papel relevante de la educación. Ilusiona mucho que un seleccionador vaya más allá de los tópicos futboleros y se involucre en una reivindicación como esa. Más aún a los que en esta tierra defendemos el 5% que exige la Ley Canaria de Educación y que el Gobierno de Clavijo se empeña en negar.

Pero, como tantas cosas de las redes sociales, se trataba de un texto apócrifo. Su hija, Tania Tabárez, desmentía en Twitter la autoría, asegurando que «si van a inventar una carta de mi padre, háganla sin faltas de ortografía». E incorporando la etiqueta #NoCompartasSinChequear. Una pena, en fin, que estas declaraciones no fueran reales y sí las nada originales, mediocres y machistas de Ramos.