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Alberto Rodríguez. COBER
Mirar para otro lado
...y los gatos tocan el piano

Mirar para otro lado

Sábado, 20 de enero 2024, 22:54

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La condena del Tribunal Supremo a Alberto Rodríguez, el que fuera diputado de Unidas Podemos, por dar una patada en 2014 a un policía fue «desproporcionada». Así lo dice ahora el Tribunal Constitucional, órgano que entiende que el político canario no debía haber perdido su escaño, como pasó cuando la entonces presidenta del Congreso, Meritxell Batet, consultó al Supremo, y este, sin decirlo directamente, le dio a entender que debía expulsarlo de la cámara.

El problema es que ya no hay marcha atrás, pues nadie le puede devolver el escaño a Rodríguez, porque la legislatura acabó. Y, quizás lo peor del caso es que se constató que a nadie en el Congreso pareció importarle demasiado y, por conveniencia, miraron para otro lado.

Es lo que pasa también con Gaza. Hay pueblos de primera y de segunda. Por Ucrania, hasta las universidades de mano de la CRUE izaron su bandera como muestra de apoyo. Cuando se trata del genocidio palestino, sin embargo, se acuerdan de que la ley obliga a las administraciones públicas a ser «neutrales».

También se recurre a la independencia de los países para no mirar el 'aparheid' al que están siendo sometidas las mujeres en Afganistán, como durante décadas se hizo con Sudáfrica. Mientras el negocio funcione, nadie dará un paso por la mejora de los derechos humanos allí donde se estén violando de forma sistemática.

Buenos ejemplos también tenemos en los deportes. Ahí está Arabia Saudí comprando a destajo a científicos para que sus universidades mejoren en los ranquin, federaciones para organizar campeonatos mundiales o comprando a grandes estrellas para lavar su imagen. Mirar para otro lado se nos da tan bien que el día en que volvamos la cabeza a su sitio quizás ya no quede nada que ver.

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