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El coste de «la alegría»
...y los gatos tocan el piano

El coste de «la alegría»

Sábado, 4 de mayo 2024

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Siguiendo las informaciones sobre el «agujero sin fondo» de la Sociedad de Promoción de Las Palmas de Gran Canaria, una podría preguntarse las razones por las que un Ayuntamiento capitalino se tiene que convertir en una agencia del jolgorio. Lo decía no hace mucho en una entrevista radiofónica Inmaculada Medina, segunda responsable de la Sociedad en el mandato de Augusto Hidalgo, y cabeza visible en el actual con Carolina Darias: «Hay que llevar alegría a los barrios».

Su respuesta, evidentemente, no es un argumento que se pueda tener en cuenta a la pregunta planteada. Calles limpias, zonas ajardinadas decentes, transporte seguro y eficiente, playas sin vertidos, aceras compatibles con la vida digna de quienes tienen alguna discapacidad… Esos son los asuntos que, en un mundo ideal, deberían ser nucleares para los consistorios. Organizar fiestas, conciertos, mantener fundaciones de artistas «universales» y toda esa morralla de eventos a los cuales dedicamos, como se ve por las cuentas de la Sociedad de Promoción, millones de euros cada año es una tomadura de pelo a la ciudadanía cuando esta no recibe lo más básico.

Cabe entonces que pensemos qué hay detrás de todo ello. Y si miramos dónde se vienen celebrado todos estos eventos, además, vemos que se concentran en determinadas zonas de la ciudad, justamente aquellas que ahora están «tensionadas» por la falta de vivienda para quienes residen en ella y la sobreoferta de hoteles, apartamentos turísticos y edificios vacacionales. Al igual que con la lluvia se dice que es «para más calor», con la fiesta se puede afirmar que son «para más turismo».

Pero los delirios son como la peste, que también se contagian. Y ahí está el Cabildo de esta 'ecoisla', compitiendo con el Ayuntamiento capitalino y proponiendo ser sede de todo lo que suene a gran evento, mientras esquilma las plantillas de aquello que supone prevención o vigilancia de los espacios naturales. Y eso también «para más turismo», con la promesa añadida de que eso, algún día, nos sacará de pobres. Más realista era la creencia en la resurrección y, si me apuran, hasta en la vida eterna.

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