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L.N.
Todos éramos españoles
Tribuna libre

Todos éramos españoles

Luis Nantón Díaz

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 28 de junio 2024, 23:15

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Gracias, ante todo muchas gracias. Hace una semana tuve la oportunidad de deleitarme con una magistral conferencia del profesor Marcelo Gullo, aquí en Las Palmas de Gran Canaria. Un verdadero lujo disfrutar de ponente tan clarividente y valiente, como sin duda, intrépidos son los promotores de esta iniciativa, a quienes les expreso mi más sincero agradecimiento. Una sala abarrotada de público y lo efusivo de la participación, sí suponen un verdadero regalo, tanto para el señor Gullo, como para los que aprendimos y disfrutamos con sus palabras. Lo dicho. Gracias a todos.

El profesor de historia, escritor y politólogo Marcelo Gullo es un hombre decidido y corajudo. No es fácil luchar por la verdad y enfrentarse a la falsificación de la historia. No solo te arriesgas a ser agredido físicamente, sino a ser cancelado social y profesionalmente. El poder castiga la disidencia y no hay nada más cruel que el buenismo progre, siempre crucificando a cualquiera que no comparta el pensamiento único.

Marcelo Gullo, con magníficos libros como 'Lo que América le debe a España', 'Nada por lo que pedir perdón' y 'Madre patria', desarrolla una denodada lucha frente a la leyenda negra española. Sus textos tienen mayor valor para la hispanidad, dado que el profesor es argentino, y todas estas aportaciones siempre suenan mejor cuando se originan al otro lado del atlántico.

Las exposiciones de Marcelo Gullo son contrastadas y categóricas, son fruto del examen documental, y sobre todo están bañadas en la más pura lógica. No es necesario ser un docto ilustrado para reflexionar sobre el 'relato'. Afirman que los castellanos fueron a América a robar, a violar y a matar, y que eso es lo que realmente impulsó toda la epopeya del descubrimiento.

Si éramos asesinos, ¿para qué nos empecinamos desde el primer momento en construir hospitales y residencias, donde abordar todo tipo de cuidados médicos a los que lo necesitaban? Centros sanitarios que tenían carácter gratuito y que se extendieron por todos los virreinatos.

Si éramos violadores y esclavistas, ¿por qué se consideraba legalmente, con las mismas consideraciones, a un ciudadano residente en Castilla, o en Aragón, que a cualquier otro de los virreinatos de Nueva España, Nueva Granada o Río de La Plata?

Si pretendíamos arrasar con su cultura, ¿por qué se crearon escuelas, bibliotecas, imprentas y universidades, donde se protegieron las culturas indígenas, donde se escribía y protegían los textos en quechua o en náhuatl? Cuando en América ya disfrutábamos de varias universidades, pasaría muchísimo tiempo hasta que se instalaron las primeras en el área anglosajona.

Cuando acontecieron las diferentes guerras de independencia, realmente auténticas guerras civiles… ¿Dónde piensan que se integraron los indígenas? Pues salvo muy pequeñas excepciones, junto a las fuerzas realistas. Los indígenas lucharon por la Corona y por sus tradiciones, y fueron arrasados por los criollos, que deseaban implantar la metodología genocida de ingleses, holandeses y franceses.

Prueba fundamental de esta crucial diferencia, es que para ver indígenas en EE UU hay que ir a las reservas, donde los pocos que quedan viven apartados. Los nativos norteamericanos fueron exterminados, cosa que si nos damos un fantástico paseo por toda Hispanoamérica, vemos que no ocurrió igual, todo lo contrario.

Y no ocurrió igual porque todos éramos españoles. Todos. Y este mensaje, enarbolado por un enorme bagaje de información, es lo que cada día defienden más intelectuales como Marcelo Gullo.

España es el único país que se cree la historia que cuentan sus enemigos. El genocidio de los pueblos aborígenes y el colonialismo nunca existieron, pero España fue derrotada por una guerra cultural que provocaron los ingleses y que ha impuesto esa visión del mundo. Es una auténtica aberración, que todavía continuemos vertiendo tal cantidad de mentiras sobre nuestra propia historia. Con sus luces y con sus sombras, pero sobre todo con nuestras verdades y contrastes.

Necesitamos erradicar el sentimiento de culpa inculcado por la leyenda negra. Es absolutamente absurdo, porque hay una verdad objetiva: antes de la llegada de los españoles, el 90% de la población de América vivía en un infierno en la tierra. Ahora nos cuesta percibir esa realidad: Hernán Cortés no llega a un lugar donde existe la nación mexicana, sino en el que hay más de cien pueblos y donde uno de ellos ha conquistado al resto, los extorsiona y les pide la cosa más cruel, seres humanos para ser llevados a una pirámide para abrirles el corazón y comérselos. Lo mismo pasaba en Colombia, donde los pijaos se comían a los chibchas. Y el imperio inca, aunque no practicaba la antropofagia, era brutal. Eso es con lo que nos encontramos en el siglo XVI.

Por tanto, si uno se pone del lado de la mayoría, de los oprimidos, observará que no hay una conquista sino una liberación de la pesadilla más cruel de la historia de la humanidad. Sólo así se entiende que un puñado de hombres conquiste un territorio de miles de kilómetros cuadrados y de millones de habitantes que engrosaban un poderosísimo ejército. Por eso no hay nada de lo que pedir perdón, siempre teniendo en cuenta que las guerras generan violencia y odio, y los conflictos son así. En aquella época, con los romanos y en la actualidad. Ya resulta curioso, que la propia corona recurriera a la Escuela de Salamanca, para dilucidar si era ético como se estaban planteando las cosas en América. Verdaderamente apasionante y discordante con la práctica de otros imperios.

Si se analizan fríamente las relaciones políticas, comerciales o culturales en los diferentes territorios de la Corona Hispánica, no se trataba de canales coloniales, de extracción de recursos y de dominación cultural. No, esa dominación total unidireccional es normal hasta ahora, con la laminadora globalización y sus liberticidas agendas. La relación entre España y América era de igual a igual, era un solo Reino: «El imperio se caracteriza porque el que va, como fue el Imperio español, va a fundir su sangre con el que está, y al fundir su sangre funde su espíritu y su cultura».

Como acontece casi siempre, los poderes no quieren tener enfrente otros poderes, sino la nada, para así poder sojuzgar. ¿Y cuál es la mejor forma de destruir a un pueblo? Quitándole su fe fundante, su arraigo cultural, su historia, su cultura, sus tradiciones. Es aberrante, que nosotros, herederos de una verdadera experiencia integradora, motivo de orgullo, trastroquemos los valores, transmitiendo una infundada vergüenza a futuras generaciones. Me siento orgulloso de este legado, debemos sentirnos orgullosos, porque todos éramos españoles…

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