Ultramar

Los 85 de Carmelo

14/07/2018

Llega el día del Carmen y La Isleta se pone de fiesta. Las calles se engalanan con banderas y se alfombran, las fachadas se pintan o baldean y de no pocas cuelgan blasones. Algunos zaguanes lucen altares con la imagen de la patrona de los marineros. El barrio hace honor a su condición de hijo del mar y el volcán, como certeramente lo definiera José Luis Álamo, uno de sus pregoneros.

«Llega el día del Carmen, La Isleta se pone de fiesta y cumple años un vecino muy querido»

El ánimo festivo se hace omnipresente. Este rincón de la ciudad en el que el valor de la vecindad es santo y seña, acentúa aún más en estos días esta condición. Las puertas se abren y casi todos se implican para que las fiestas del Carmen, que ya son también de la ciudad, luzcan como lo vienen haciendo desde hace décadas: con modestia, porque nunca han estado aquí las cosas para muchos lujos, pero con la desbordante dignidad de la que han hecho gala siempre estas gentes, curtidas en sinsabores pero orgullosas de haber construido futuro desde la nada.

Fiesta singular que define este lugar cosmopolita, hecho con gente venida de todas partes, pero que es, por encima de todo, de aquí. Barrio escandaloso, fresco, descarado, rebosante de desparpajo, lleno de contrastes y contradicciones, pero, más que nada, humano. Y como él, así son sus fiestas.

Y con el día del Carmen llega, esta vez el 85 cumpleaños de Carmelo Reyes, un vecino, conocido por todos, un icono del barrio a quien me rendí, como cuantos saben de su existencia, desde el momento en que tuve la fortuna de saber del, porque es persona que cautiva, que invita a sonreír, a sonreírle, porque transmite bienestar.

Es historia viva del barrio y, para remate, cumple años el mismo día de ella, como en La Isleta se le dice a la virgen del Carmen, que a todos convoca, se sea o no creyente.

A Carmelo Reyes todos lo paran, lo saludan. Su envidiable disposición de ánimo invita a compartir tiempo y a recrearse en esa intensa vida que es devenir de este barrio nuestro. De su época de portuario sabe mucho del muelle, pero de chiquillo trabajó en cuanto surgiese para intentar aliviar las penurias que antaño sufrían casi todos los isleteros. Y también hoy no son pocos los que las siguen padeciendo. De cuando fue camarero en el Racing y en el Hespérides es un goce escucharle hablar de las orquestas Megías y Tropical con el vocalista Juanito Hernández y los baterías Blas el Macho y Sepúlveda amenizando los bailes de asalto en unos repletos salones en los que antes se había encargado de esparcir polvos de talco para que las animosas parejas pudiesen danzar más ágilmente.

Amante de la tertulia y el taperío, no se le ocurra ofrecerle «chasca», que ya no están los tiempos «para andar con miserias», que bastante hubo antaño. Futbolero, de la UD y del Madrid «a muerte»; pero, por encima de todo, generoso. El barrio lo quiere, porque a Carmelo Reyes no se le puede no querer. Es demasiado buena gente.