Cuentos Chinos

Lola como ejemplo de sensibilización

29/11/2019

Me da muchísima rabia cuando voy caminando por la calle y veo un excremento de un perro. Me saca de quicio porque eso mismo es lo que carga de razones a aquellos que no quieren ver mascotas en paseos, parques o playas. Entiendo perfectamente que deben de confluir de manera cívica y pacífica los humanos con los animales, sobre todo en las grandes urbes, pero en ocasiones ese exceso de separatismo genera agravios para aquellos que solo pretenden dar una vida digna a su mascota.

El caso de la perra Lola, que desapareció cuando su propietario la llevó a una clínica veterinaria, pone de manifiesto que aún queda mucho camino por recorrer en lo que a la sensibilización con los animales se refiere. Y no solo en cuestiones judiciales como la de este caso, en el que el juez de primera instancia consideró al animal extraviado como un simple bien material, por lo que no interesó que su propietario fuese indemnizado por daños morales. Queda por dar grandes pasos para que aquellos que tienen mascotas tengan los mismos derechos que aquellos que no han optado por ello.

«Los animales forman parte de nuestras vidas y quien no muestre sensibilidad, poco podrá hacer con sus semejantes»

Los que tienen animales siguen teniendo serios problemas a la hora de encontrar lugares donde ir a comer ya que son pocos –contados con los dedos de las manos–, los que ofrecen esta posibilidad, por ejemplo, en la capital grancanaria. También son escasos los alojamientos turísticos en los que uno puede pernoctar acompañado de su mascota e incluso, la situación se complica aún más si vas a buscar una casa de alquiler puesto que son demasiados los propietarios de inmuebles que no dejan tener inquilinos con animales.

Hay que ser tolerante, por supuesto, y respetar las decisiones que tomen los empresarios en sus respectivos negocios, pero los tiempos avanzan y las posturas encorsetadas ya huelen a naftalina. Todo tiene su punto intermedio y eso de prohibir por prohibir, sin concesiones, cuando hablamos de seres vivos me parece totalmente reprobable.

Pero si nos referimos a las instituciones públicas, no solo basta con hacer parques para perros en cada rincón que queda libre. Hay que seguir avanzando en políticas de integración y apostar por más lugares destinados al uso compartido de la mascota con el ciudadano como más zonas costeras. Es irrisorio que la ciudad más poblada del archipiélago solo tenga una zona de playa para los canes, alejada de la urbe, ventosa, sucia y con oleaje. Que endurezcan las sanciones para los que no cumplen, pero a la vez, sean más permisivos con las mascotas. Los animales forman parte activa y necesaria de nuestras vidas y quien no muestre sensibilidad con ellos, poco podrá hacer con sus semejantes.