Del director

Lo que Rajoy encontrará hoy y mañana

01/03/2018

Mariano Rajoy conoce bien Canarias. Sabido es que desde que veraneaba con su padre en el sur de Gran Canaria, le tiene cariño a las islas. Fue aquí donde pasó en ocasiones sus vacaciones, tanto en los días tristes en que cosechaba derrotas electorales como en los felices en que disfrutaba las mieles del poder. Eso sí, desde entonces los desplazamientos a Canarias han sido contados, pero es lo que tiene acostarse y levantarse cada día con las más altas responsabilidades de gobierno en este país: que no hay tiempo. Ni para todos ni para saltar cada dos por tres a un lugar muy paradisiaco pero también muy alejado de Madrid.

Rajoy llega hoy en su doble condición: como presidente del Gobierno inaugurará el puerto de Granadilla, que lleva tiempo funcionando pero que seguía esperando que alguien descubriese la placa de rigor. Y como máximo dirigente del PP acudirá a la Escuela de Invierno, que será la más cálida de cuantas pueda celebrar a fecha de hoy el Partido Popular por aquello de lo benigno del clima isleño.

En ambas facetas, Rajoy podrá calibrar el estado de los cuarteles. Como presidente, el aperitivo ya se lo sirvió en bandeja Carlos Alonso, titular del Cabildo de Tenerife, que le deseó un feliz atasco en el tránsito hasta Granadilla para que así evaluase el problema de las carreteras. Al margen de que la broma, si es que ese era el espíritu, no tiene gracia alguna, lo que chirría es que una isla mal planificada sea ahora responsabilidad del presidente Rajoy. Mucho tendrá que decir el Cabildo de por qué durante años se escondió en un cajón el Plan Insular. Y si Carlos Alonso no lo cuenta -que conste que no fue él quien lo hizo-, pues otros lo diremos: porque así se dio vía libre a la construcción de hoteles en el sur, con lo que la isla superó en camas a Gran Canaria y, en consecuencia, en entradas de turistas.

Respecto a lo del partido, seguramente Rajoy verá cómo está el termómetro del PP canario. Y el mercurio indica que los populares ya se han cansado de las actitudes de Coalición Canaria, que se acostumbró a tener al PP a sus pies, como un perro faldero que votaba lo que mandaban en CC, que agachaba la cabeza y que asentía a las órdenes nacionalistas aunque el corazón les pidiera negarse. Eso pesó mucho en la decisión, hace ahora casi un año, del PP de Antona de no entrar en el Gobierno, porque eso lo que recibían de los militantes y simpatizantes en cada esquina.

O sea, que algunas cosas han cambiado y parece que no habrá retorno.