Las venas abiertas

La voz de las islas

19/02/2019

Es muy largo el historial de políticos que bajo siglas del nacionalismo canario dicen ser la voz de las islas y que, camuflados bajo la alfombra de las instituciones, acaban dando solo servicio a su propio interés y cultivando su ego. Algo así, por ejemplo, pensarían Los Guanches Picapiedra cuando en su día cantaban aquella canción de Pepito el gandul a José Carlos Mauricio, por esa época concejal del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

Gandules hay muchos, y no todos están en Coalición, eso hay que reconocerlo. Pero pocos mueven con tanta potencia sus máquinas propagandísticas para tratar de disimular sus complejos de clase.

El último y reincidente caso es el de Ana Oramas, diputada de serpientes en la boca que lo mismo replica una copla asturiana, que cita a las hijas de Zapatero, o que muestra su verdadero perfil despreciando desde su privilegiada tribuna a los que viven en Las 3000 viviendas de Sevilla.

«Con palabras de Oramas se entienden los indicadores de pobreza del archipiélago»

Los hay que sin mentar el episodio sí que han querido vender a bombo y platillo su supuesta redención, un paseo por las calles y la búsqueda de la absolución popular. Una operación de maquillaje que requiere de celeridad ahora que el adelanto electoral anunciado por Pedro Sánchez nos cita en las urnas dentro de dos meses.

La ya célebre frase de Oramas se da la mano con aquella otra que luce en las hemerotecas, en las que señalaba que las mujeres de Gran Canaria se prostituían para ir al bingo.

A lo mejor, entre esos exabruptos teñidos de superioridad burguesa, se podría descifrar por qué el archipiélago, tras más de dos décadas de mandatos de Coalición, sigue siendo una región en la que el desempleo y la pobreza siempre ocupan un indeseable podio de vencedores.