A cara descubierta

La violencia como vía en el conflicto del taxi

25/01/2019

Silvia Fernández

Ghandi decía que aquellas victorias conseguidas a través de la violencia equivalen a una derrota puesto que son momentáneas. Lo logrado a través de la radicalidad, la presión, el miedo y las amenazas no se mantiene en el tiempo. Eso es precisamente lo que va a suceder con los taxistas de Cataluña y, si siguen el mismo camino, con los de Madrid y el resto de las ciudades españolas que radicalicen las movilizaciones contra los VTC.

El acuerdo alcanzado por la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y los taxistas catalanes y que se traducirá en un decreto ley que será aprobado la próxima semana hace aguas por todos lados y más pronto que tarde será suspendido. La propuesta del Gobierno autónomo ha servido para desconvocar un paro en el que se han roto lunas de coches, se ha paralizado el tráfico y se ha atemorizado a los ciudadanos, a los que se ha obligado a bajar de autobuses incluso que iban al aeropuerto aún a sabiendas de que podrían provocar la pérdida de un vuelo. El temor a que las reivindicaciones subieran aún de tono, con amenazas de bloquear la frontera con Francia, la Generalitat ha aceptado parte de las peticiones de los taxistas, como obligar a que la precontratación de los VTC se haga al menos con una antelación de una hora (está en 15 minutos), prohibir que estén geolocalizados antes de ser contratados y obligarlos a regresar a su base después de cada servicio.

Pero la paz no va a durar mucho. Para empezar el acuerdo contó solo con el respaldo del 52% de los taxistas mientras que un 46% lo rechazó y reclamaba «más guerra», lo que evidencia un alto nivel de desacuerdo y un caldo de cultivo para los próximos meses. A esto hay que sumar que los VTC no se van a quedar de brazos cruzados y ya han anunciado que recurrirán en los tribunales el decreto ley que apruebe la Generalitat. Además, van a reclamar al Gobierno autónomo indemnizaciones por lo que suponen que son trabas a su actividad y la cifra que se maneja son 1.100 millones de euros. El organismo que regula la Competencia en Cataluña ha advertido también que impugnará el decreto si restringe la competencia.

En Madrid la huelga continúa y los taxistas se están radicalizando para conseguir el mismo acuerdo que en Cataluña en vista de los buenos resultados que ha dado allí la violencia. Y esto que sucede en estas dos ciudades lo vamos a revivir en cadena en el resto de los territorios españoles gracias a que el Gobierno de Pedro Sánchez se lavó las manos de este asunto y pasó la papa caliente a las comunidades autónomas. En Canarias aún no existe el problema porque apenas hay 45 vehículos VTC operando frente a 5.700 taxis, pero, llegará.