Lunes en África

La perpetua

24/09/2018

A la vista de los acontecimientos, lo que pretende el Gobierno de Pedro Sánchez es que las comunidades más cumplidoras presten sus ahorros para que las más gamberras alivien sus deudas. Es la única explicación posible a la ecuación planteada en torno a las cuentas comunes. Lo que está sobre la mesa no es una tesis mal copiada, ni una cacería de corruptos. La cuestión es quién va a pagar la fiesta.

Cataluña debe al Estado 55.000 millones de euros, además de 22.000 millones más a otros incautos. De nada sirvió la quiebra del sector financiero, de nada las advertencias de la UE. A nadie le importó el consejo de apretarse el cinturón; la alternativa a la crisis mundial se limitó a organizar el tenderete.

Hace poco más de un año, el Estado asumió que nunca cobraría 45.000 millones de euros de aquellos que soltó Rajoy a modo de rescate del sector bancario. Entonces toda la progresía juró en arameo; por ahí no volvería a pasar la sufrida población, así fuese necesario echar del poder a quien mentara la bicha. Y así, sin anestesia, es como llega el amable gobernante catalán a la conclusión de que su deuda, la de los 55.000 millones, será perpetua porque, como gesto de diálogo, ellos no la piensan pagar. A fin de cuentas, el perdón de las deudas también está descrito en el catecismo.

El vacilón que se traen en Madrid con los canarios que pasan por allí a negociar algún convenio o a rescatar fondos distraídos no es normal. Frente a las atenciones que se prestan a la dialogante oferta catalanista, el pueril nacionalismo isleño optó en esta misma década por aplazar inversiones y retrasar el desarrollo con tal de cuadrar los balances. Más de 1.600 millones en los bancos sin provecho, y sin un mínimo respeto después de tanta obediencia. A ver si aprenden.