Ultramar

La otra isla canaria

24/11/2018

Ahora que está recién aprobado el nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias en el que se incluye a La Graciosa como octava isla canaria Domingo Rodríguez saca a la luz un libro, Páginas Atlánticas de Canarias y América. A propósito del ‘Valbanera’, en el centenario de su naufragio. 1919-2019 (Ed. Mercurio), que sirve para recordarnos que hubo una época, cuando los isleños teníamos al otro lado del mar la esperanza, en que Venezuela era nuestra octava isla, Caracas la segunda ciudad más poblada del archipiélago y América toda era otra isla canarias más. Bueno es tenerlo presente en este tiempo en que la crisis migratoria genera agrios y odiosos discursos.

«En tiempos en que la crisis migratoria genera odiosos discursos, bueno es conocer nuestra historia»

Es un modesto pero gran libro de historia que cuenta historias, de una actualidad y vigencia demoledoras, que lo hacen de obligada lectura en los días que corren. Un perfecto antídoto contra los prejuicios con los diferentes. Un aporte fundamental para conocer el fenómeno migratorio que protagonizamos durante siglos, sin caer en la burda idealización, sino contextualizándola; pero esta obra es también un manual de autoestima que ayuda a eliminar los complejos que nos han marcado como pueblo.

Sus páginas son un correlato de aportaciones hechas por los canarios a América, un ejemplo de que la emigración enriquece. En ellas figuran una ingente nómina de isleños que se hicieron ilustres en la inmigración; pero también de anónimos y sufrientes paisanos que se vieron abocados a protagonizar una gesta porque la miseria los arrastró, como hoy arrastra a otros. Las imágenes que vemos ahora son una repetición casi calcada de las que protagonizaron nuestros emigrantes, que llegaban a las costas del Nuevo Mundo maltrechos y, en la mayoría de los casos, de manera irregular, clandestina. «Legiones semidesnudas de nuestro éxodo americano», como los describió el escritor grancanario Francisco González Díaz en 1915.

El atlántico que cruzaron decenas de miles de paisanos fue mar de vida para unos, pero también «tumba de muchas esperanzas». No se sabe con exactitud cuantos partieron, solo en el periodo de entreguerras del siglo XX más de 25.000, sangría demográfica que aumentó tras la Guerra Civil; tampoco se conoce cuantos quedaron en el camino, pero lo cierto es que durante más de 500 años América dio cobijo a cientos de miles de los nuestros. E igual que se fue muchos retornaron, y si allá quedó impronta isleña, también Canarias se impregnó de América, clara demostración de cuan sano es el mestizaje cultural.

Es evidente que no se puede concebir la historia de las islas sin el capítulo americano y este trabajo de Domingo Rodríguez nos ayuda, de manera amena y divulgativa, a saber de ella, con nombres ilustres pero también humildes. Todos ayudaron a engrandecer aquella y esta sociedad.