Café para todos

La murga de Jémez está lista

13/01/2018

El escenario del Carnaval en el Parque de Santa Catalina está ya medio montado. Las comparsas se preparan para la gran cabalgata, los drag queen desempolvan los taconazos para su gala, y las murgas se motivan en sus locales para otro año, esta vez de magia y criaturas fantásticas, que llenará de purpurina la capital grancanaria.

Hay una murga que este año está arrasando. Bajo la dirección de Paco Jémez, la UD Las Palmas sigue de gira por la península, animando a las aficiones locales, antes de la llegada triunfal a su tierra. Ofrece un espectáculo único sobre el césped. Regala goles, alineaciones inverosímiles, defensas inexistentes, y jugadores que se pasean por el campo mientras el rival los pisotea. ¿Qué más se puede pedir?

«Ofrece un espectáculo único sobre el césped»

Su última actuación en Girona demostró que llevan todo el año preparándose muy bien el carnaval. El director Jémez, que llegó en plan lobo y cambió el disfraz por el de caperucita, alineó un once que ya prometía espectáculo. Defensa de tres, con Lizoain de nuevo en la portería, que no tiene nivel de primera, y un centro de campo y ataque bastante poblado, pero con muy poca lógica. Su hombre de confianza, Peñalba, además de lento, no aporta nada en defensa ni en ataque. Ralentiza el juego, y parece que le quema el balón en los pies. Javi Castellano ha demostrado que no está para batallas mayores. Momo y Hernán Toledo, muy activos pero sin acierto. De nada sirve tanta electricidad si no se le pone algo de cabeza. Calleri, una isla desierta en la punta de ataque, que no tuvo ni una buena oportunidad para mojar. Se nota que está echando bastante de menos a Rémy. El equipo es Jonathan Viera y diez más, y así no se va a ningún lado.

La murga amarilla es especialista en convertir a sus rivales en dioses. Les ofrece todos los ingredientes para ello. Frente al Girona encajaron seis, pero pudieron ser once. Una desastrosa manera de dejar atrás la primera vuelta del campeonato. Los próximos rivales no invitan al optimismo, ni mucho menos. Valencia y Atlético de Madrid, algo suave para salir de la crisis.

Reconozco que me dieron ganas de apagar la tele al segundo gol encajado, al tercero ya me resigné, al cuarto y al quinto cogí el móvil para empezar a responder los Whatsapp que me iban llegando desde Tenerife preguntando el resultado del partido, y al sexto, pobre de mi, consulté los próximos partidos que le esperan a la UD. Ahí ya se podrán imaginar lo que pasó.