Primera plana

La mediación del Común

14/02/2019

Todo procedimiento judicial conlleva un coste temporal, económico y social. Es lo que un buen abogado debería advertir desde el inicio a su cliente, eso e indicarle cuándo un tema tiene pinta de ser perdido de antemano en vez de hacerle gastar su dinero sin más. Pues algo así ocurre extrapolándolo al ciudadano en su relación cotidiana con la Administración que viene a ser la esencia del trabajo del Diputado del Común. De ahí que la mediación sea un mecanismo a potenciar si se quiere agilizar las problemáticas sociales entroncando con el constitucionalismo más avanzado y justo al alimón de la entrada en vigor del nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias. Y es lo que Rafael Yanes se propone a cuenta del papel a medio plazo del Diputado del Común que, con la norma institucional básica actual, pasa a denominarse Diputación del Común y, por consiguiente, implicará una reforma legislativa ya con el próximo Parlamento que surja en la cita con las urnas a finales de mayo. Es un empeño del que el Defensor del Pueblo Andaluz es pionero y al que se suma a la iniciativa en las islas el adjunto primero Felipe Afonso El Jaber.

«Una aspiración de Yanes que le corresponderá, en todo caso, al próximo legislador afrontar»

El Diputado del Común cerró 2018 con un aumento del 21% de las quejas con respecto a 2017. Es más, alcanza el 55% si se compara las entradas en enero de 2019 con las de enero de 2018. Un balance que estará presente en el informe anual que Yanes presentará en breve ante la Cámara pero que vislumbra un horizonte donde al incorporarse el instrumento de la mediación permitirá desatascar diversas inquietudes.

No todo conflicto debe convertirse en un litigio. Para empezar porque no es lo deseable en aras de no enquistarlo: lo que entra en un Juzgado nunca se sabe cómo sale del mismo. La máxima de que siempre es mejor un mal acuerdo que un buen juicio también vale, de otra manera, con el Ayuntamiento, Cabildo o Gobierno. Y después porque una cosa es la instancia que cumplimenta el ciudadano ante la Administración de turno (el desahogo inmediato) y otra bien diferente encarar el problema en una reunión con terceros donde se vislumbra otros puntos de vista, su complejidad o que sencillamente no hay recursos presupuestarios suficientes para atender la demanda. Para ejercer la mediación se precisa inteligencia emocional y aún hoy nos topamos con responsables o empleados públicos que no tienen la capacidad necesaria en la ventanilla para que el usuario se sienta amparado. Que el Diputado del Común formalice esta herramienta de la mediación en una reforma, junto a otros aspectos, de su ley reguladora permitirá abrir una etapa que casa con las restantes defensorías en la España autonómica. Una aspiración de Yanes que le corresponderá, en todo caso, al próximo legislador afrontar. Aunque desde ahora ya esté mediando.