Cuentos Chinos

La izquierda y su credibilidad

26/07/2019

Pedro Sánchez lo intentó y, aunque su esfuerzo fue fallido, hay que reconocerle que fue el más atinado del hemiciclo en cuanto a puesta en escena y discurso se refiere. El líder socialista no consiguió el apoyo del resto de diputados, pero al menos dejó la sensación de que, si no hubo investidura, al menos no fue por su culpa sino por la tozudez de los que teóricamente son sus compañeros de ideología progresista. Sánchez fue al Congreso con un discurso efectivo, brillante y que no dejó títere con cabeza. Además, manejó a la perfección las emociones, los mensajes subliminales y hasta el punto de cinismo necesario para destapar las que, a su juicio, fueron las heridas sufridas tras la pseudonegociación con Unidas Podemos.

«Es una oportunidad histórica que se desvanece», vaticinó Pedro Sánchez en el inicio de su intervención

Por su parte, el papel de Pablo Iglesias fue el de no bajarse los pantalones por nada que no considerase justo, aunque esto pudiese derivar en un nuevo caos político en nuestro país con la convocatoria de otras elecciones generales. Fue, sin más, una repetición de lo que ha sido históricamente la izquierda en nuestro país, partidos con ideologías que transitan por la misma acera pero incapaces de ponerse de acuerdo cuando el momento así no precisa, todo lo contrario que la derecha, expectante en estos momentos a la espera de que sus contrincantes caigan y se maten entre ellos para aprovechar y unirse e ir en busca del poder.

«Es una oportunidad histórica que se desvanece», vaticinó Pedro Sánchez en el inicio de su intervención, una frase que resumiría toda la sesión y que serviría de preámbulo para una batería de reproches personales y políticos dirigidos contra el que debería ser su socio y amigo en estos momentos, Pablo Iglesias. Ambos, Sánchez e Iglesias, se jugaban mucho ayer, pero sobre todo la credibilidad de un país que no podría soportar una nueva cita con las urnas. Una credibilidad que, en el caso del líder de Podemos, quedó mermada con la petición de manejar las políticas activas de empleo desde Moncloa, una perogrullada que, al parecer le chivó un misterioso alto cargo del PSOE y que están transferidas a las autonomías. «Quiere conducir un coche sin saber dónde está el volante», respondió locuazmente Adriana Lastra a Pablo Iglesias.

Pues acabó el jueves decisivo con una derrota de la izquierda que, a buen seguro, no ha perturbado la paz vacacional de millones de españoles que, a buen seguro, estaban en la playa cuando nuestros políticos votaban. La desafección de nuestra ciudadanía con el poder político es notoria y deben de darse cuenta. O llegan a acuerdos, o a las urnas no irá a votar ni los propios candidatos.