...y los gatos tocan el piano

La izquierda

20/01/2019

Cuando se trata de considerar los motivos por los que se fragmentan las opciones de izquierda rara vez se toma en consideración la falta de talento personal de las personas que llegan a la cúspide de los partidos. Se suele decir que las controversias se producen en el nivel de las distintas visiones de las opciones políticas, sin caer en la cuenta de que dichos desacuerdos no tienen por qué motivar la ruptura, a condición de que se posea algo de destreza en el arte del debate y capacidad para ampliar la propia visión del mundo.

Sucede, sin embargo, que el debate no sirve para nada en el seno de las organizaciones políticas, donde cotiza mucho más el talento para la manipulación, el grito, el eslogan, y, sobre todo, el control de los afiliados por medio de promesas y recompensas, y de amenazas y castigos.

Se trata de un asunto de difícil solución porque las personas que son hábiles en el arte del debate y con bagaje cognitivo, político y moral se orientan, o deberían orientarse, a la búsqueda de la verdad, de la corrección, del interés general, y, en el caso de los partidos de izquierda, al compromiso inquebrantable con los más desfavorecidos.

«El debate no sirve para nada en el seno de las organizaciones políticas, donde cotiza mucho más el talento para la manipulación, el grito y el eslogan»

Muchísimas personas en el ámbito de la izquierda gozan de estos caracteres, pero ninguna de ellas está dispuesta a prestarse a la absurda pantomima de militar en unos partidos de izquierdas cuya única razón de existencia termina por limitarse a conseguir cuotas de poder para unos representantes que no suelen estar, ni de lejos, a la altura de las circunstancias. Hay alguna que otra excepción, como el caso del diputado tinerfeño Alberto Rodríguez, un verso suelto de honestidad política en ese caos de intereses espurios y mezquinos en que se ha convertido Podemos casi desde el principio, tanto en el ámbito nacional como en el local.

Pero si una golondrina no hace verano, tampoco un miembro de un partido, por muy brillantes ideas que tenga y por muy honrado que sea, rebasará la línea que separa a los líderes iluminados del resto de la sociedad.

Cuando en la izquierda empiecen a cotizar al alza las ideas y a la baja las ansias de poder personal, podremos vislumbrar la posibilidad de que buena parte de la ciudadanía se pueda reconocer sin ambages en unos partidos orientados en exclusiva a la solidaridad, al respeto y a la profundización en las ideas que hacen mejor la vida de las personas. Justo de eso es de lo que se trata ser de izquierdas.