Ultramar

La isla toda es un yacimiento

13/07/2019

La designación de Risco Caído y las montañas sagradas de Gran Canaria como Paisaje Cultural Patrimonio Mundial es un hito que, como bien ha dicho uno de sus adalides, el arqueólogo Julio Cuenca, sirve para alimentar la autoestima de este pueblo, que durante tanto tiempo ha transitado por la historia arrastrando un profundo desarraigo.

«Que el reconocimiento de Risco Caído no quede solo en fanfarria y sirva como lección»

¡Que no quede solo en fanfarria y sirva como lección! Unamuno, que ya había dicho que no hay paisaje feo, se sobrecogió ante la imponente caldera de Tejeda y dejó para la historia «la tempestad petrificada». Sin embargo, las agresiones al entorno han sido marca de la casa de esta tierra nuestra y la preservación del patrimonio paisajístico ha dejado mucho que desear en estos lares. El reconocimiento mundial a esa parte de nuestra geografía aún virgen debería hacernos reflexionar.

Otro tanto ocurre con el patrimonio arqueológico, que ahora recibe un espaldarazo, colocándolo en el circuito internacional. ¡Que no se dilapide la oportunidad! Conviene recordar que pese a las voces de expertos que durante decenios han llamado la atención por los ingentes bienes arqueológicos que existen en este archipiélago la desidia institucional ha sido lo común.

Por fortuna, de un tiempo acá, ha habido acciones que han puesto en valor el patrimonio arqueológico insular y hay que aplaudir actuaciones de recuperación, restauración y adecentamiento de algunos yacimientos. La Cueva Pintada de Gáldar, Maipés de Agaete, Lomo Los Gatos, La Fortaleza, Arteara, son buenos ejemplos, pero que no se olvide que la carta arqueológica de Gran Canaria, una isla que toda ella es un yacimiento, tiene censados más de mil sitios y la mayoría, muchos de relevancia extraordinaria, están en el más absoluto abandono.

Risco Caído es un magistral ejemplo del valor del patrimonio arqueológico insular y su reconocimiento a nivel mundial ha de servir para recordarnos que no solo casi todos los asentamientos prehispánicos están sumidos en el abandono, sino también que otros muchos están condenados a ser vistos a través de rejas, que la mala o nula señalización hace casi imposible llegar a ellos, la falta de dotación aboca al cierre a alguno de los pocos centros de interpretación que se han abierto o que la institución más señera y comprometida, desde hace más de cien años, en defensa de la arqueología insular, El Museo Canario, sobrevive renqueante por culpa de los incumplimientos institucionales.

El éxito alcanzado ha de suponer un punto de inflexión en los modos y maneras con que se ha tratado el patrimonio arqueológico insular.