La justicia poética de la covid

En España hasta se ha cuestionado la donación de vacunas a terceros países

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Hay algo de justicia poética en esto de que la nueva variante del coronavirus covid-19 aparezca en África y rápidamente se extienda a Europa, Oceanía y el resto del planeta. Sobre todo, que llegue a los países del Primer Mundo, esos que infravaloraron el hecho de que una pandemia no se resuelve solo atendiendo a los ciudadanos de las economías más ricas.

Desde la propia cúpula de la Organización Mundial de la Salud hasta voces más cercanas, como la de José Segura Clavell, director general de Casa África, llevan meses advirtiendo sobre los riesgos de un remedio parcial a un problema global. Y si algo nos ha enseñado el virus en este año y medio largo de convivencia con él es su caracter democrático, esto es, que lo mismo se lleva por delante a los más ricos que a los más pobres. Por eso mismo no es solución que las vacunas llegasen rápidamente solo a quienes tienen más recursos, con el añadido de que la expansión de la enfermedad en lugares con escasa atención sanitaria es una invitación formal a que aparezcan nuevas variantes. Eso es lo que ha pasado y ahora las alarmas en las economías occidentales tienen bastante de hipócrita.

En el caso de España incluso ha habido voces en los últimos meses que cuestionaban la donación de vacunas a terceros países, unos viales que sobraban en suelo español porque hay quienes siguen empeñados en jugar con fuego no vacunándose. ¿Es que preferimos tirar a la basura las vacunas cuando caduquen?

Esa condición de justicia poética se da también en algunos de los primeros contagios importados que vamos conociendo. Lo digo pensando en la señora europea que decidió no vacunarse y que se fue de vacaciones a Egipto: allí se infectó de la nueva variante y trajo el virus al Viejo Continente. Si fuera un primer contagio por un inmigrante llegado en patera, estarían algunos pidiendo a la Armada que sacase los cañones y disparase contra todo lo que se moviera en alta mar...

En un mundo desigual, las pandemias pueden prolongarse mucho tiempo. Ahora nos preocupa esta nueva variante con nombre de novela de ciencia-ficción pero mañana será otra, pasado una nueva y así hasta el infinito mientras no asumamos que la vacunación y las restricciones deben aplicarse en todos los rincones del planeta. Ysi hay países que desgraciadamente no tienen para pagarlo, pues siempre será preferible repartir la carga entre los más ricos que volver a encontrarnos con un parón mundial de la economía y de la vida social. Que es a lo que vamos.