Serpiente atrropellada en una carretera de La Gavia, en Telde. / C7

La invasión silenciosa

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Estoy con los científicos. Canarias no está lo suficientemente concienciada del riesgo cierto que supone para su biodiversidad la expansión silenciosa de la serpiente de California. Es verdad que se le han inyectado recursos económicos y que ha estado y está en la agenda de instituciones como el Gobierno regional y el Cabildo, pero está visto que no ha sido suficiente. Hay que buscar otras soluciones.

El crecimiento exponencial de las capturas de este ofidio en Gran Canaria da vértigo. Solo en lo que va de 2021 se han capturado más ejemplares que en todo 2020. Y todo apunta a que la tendencia sigue al alza. Las hay a miles por los campos de la isla. Desde fuera, y desde el conocimiento de un profano, no sé si hay que dar a Gran Canaria por perdida, o si hay aún estamos a tiempo de hacer algo más dado que los focos parecen todavía más o menos localizados, pero parece muy evidente que tampoco se está haciendo nada para impedir que se extienda al resto de las islas.

Tiene toda la pinta de que este bicho va camino de emular al rabo de gato y de que pronto lo veremos entre las piedras de los barrancos como de aquí para atrás veíamos lagartos. Echo de menos más implicación del Gobierno central (como en casi todo lo que afecta a estas islas) y una mayor presencia de este problema en la agenda pública. Sí, hay científicos y técnicos implicados. Y todos los años se organizan dispositivos de operarios que hacen batidas de captura por los campos. Pero no, no es suficiente. Esa serpiente nos come. Y lo peor es que, como advierten ya los expertos, en Canarias se siente como en casa. Ojalá no pase que cuando nos queramos dar cuenta sea ya demasiado tarde.