Imagen de Ramón Lobo. / FACEBOOK

La historia de las historias en las entrañas del 'lobo'

En mis crisis con el Periodismo, bastaba con Ramón Lobo para descubrir un paracaídas en mi espalda, en plena caída al vacío

Dánae Pérez
DÁNAE PÉREZ Las Palmas de Gran Canaria

Aquí me tienes». Tres palabras. Solo tres. Un mensaje escueto, pero potente, como una bala descargada con absoluta maestría. Apenas doce letras que bastaron para que el corazón se me disparara como un cohete. Fue la respuesta del periodista y corresponsal de guerra Ramón Lobo a la insistencia de dos estudiantes de Periodismo, quienes se habían empeñado en centrar un trabajo de clase en su figura. Más concretamente, en sus viajes alrededor del globo para contar la guerra, en cómo se cuenta la guerra, en cómo se sobrevive a ella.

«Cuando vuelves de un conflicto […] hay que limpiarse de voces, fantasmas», señaló Lobo, tal y como recoge 'El País', en la presentación de su libro 'El héroe inexistente' (Aguilar), allá por diciembre de 1999. Un texto destinado a desmitificar la «figura romántica del corresponsal de guerra». Si bien, a mí, en el momento de su «aquí me tienes», ya me había salvado infinidad de veces.

Como en toda relación, lo mío con el Periodismo no ha sido siempre un camino recto. Le he perdido la fe en no pocas ocasiones y, aunque nunca le he soltado la mano, sí que he ido de su lado arrastrando los pies, a regañadientes, inconformista hasta las cejas. Se apoderaba de mí cierta nostalgia, esa que el ser humano conoce tan bien y a la que, incluso, le cantó Karina: «Cualquier Periodismo pasado nos parece mejor». Pero entonces, en esos momentos de profunda crisis con la profesión, bastaba una entrevista de Lobo ofrecida a La Sexta noche para descubrir un paracaídas en mi espalda, en plena caída libre hacia el vacío.

Finalmente, conseguimos el encuentro con el corresponsal. Lo tuvimos por videollamada -quién iba a decirnos las dimensiones que alcanzaría esta vía tiempo después, durante la pandemia-. Pronto, el formato guionizado de pregunta-respuesta se transformó en una charla distendida, en una lección valiosísima de Periodismo que sigue calada, como frío húmedo, en mis tuétanos. En la Facultad, recuerdo, nos insistían mucho en la estructura de una noticia, en las 5 W, en la veracidad, en la ética periodística… De repente, Lobo puso el foco en las historias, es decir en las personas, y en la importancia de la búsqueda de estas. Sin ellas, el Periodismo dejaba de tener sentido, algo así como unos pulmones sin aire. Muchas, nos indicaba, terminan llegando al periodista, pero para ello hay que estar sobre el terreno: «Levantarse antes del sol para trabajar con el sol».

En su discurso, contundente, entusiasta, de absoluto amor hacia este oficio, también mostró su obsesión por los contextos, los marcos que permiten explicar esas historias y, en numerosas ocasiones, escenificar un problema a gran escala, a través de algo tan pequeño como podría considerarse una vivencia personal. Ejemplificó aquello de lo que hablaba contándonos las historias que él mismo vistió y ofreció a los lectores. «No se estaban llevando los muertos, se estaban llevando la frontera», apuntó sobre una funeraria que se dedicaba, exclusivamente, a recuperar los cuerpos de ciudadanos serbios fallecidos en tierras kosovares.

También, le formulamos la pregunta del millón, esa que siempre se espera en una entrevista: ¿Qué consejo nos darías para ser unos buenos corresponsales de guerra? «Que no se vayan», fue su respuesta. Quizás, no era la recomendación que esperábamos, pero la comprendimos sin esfuerzo, aun sin saber bien a qué se refería. Sus palabras escondían una verdad de esas que no necesitan explicación. «El corresponsal de guerra está preñado de dolor», fue una de las frases que se soltó al aire en aquella conversación y que todavía hoy merodea en mis pensamientos.

En aquel momento, entendí por qué Lobo me salvaba -me sigue salvando- de mis crisis con el Periodismo. Al final, esta profesión es lo que los periodistas hagan de ella y Lobo, desde que le ofrecieron viajar a Sarajevo para contar la guerra, no ha dejado de dignificarla, de llevarla a su máxima expresión. Recientemente, el periodista anunció que sufre dos cánceres simultáneos, aunque no relacionados entre sí, por lo que «tendrá que parar unos meses».

En sus redes sociales, sin embargo, ha seguido activo. En ellas, se suceden artículos sobre la guerra de Putin, sobre Irán, sobre la Comunidad de Madrid y los ancianos usuarios de residencias durante la pandemia; en fin, sigue situando en el centro lo que de verdad importa, lo que hace del Periodismo Periodismo: las personas.