Ultramar

Hablemos de cine

16/11/2019

Tras los trepidantes días vividos, y los que están por venir, con la política como principal protagonista, y visto el virtuosismo actoral del que hacen gala casi todos los políticos, capaces de abrazar y sonreír a quien hasta ayer era el artífice de sus sobresaltos, proclamarse despechados por una llamada no hecha de a quien la noche anterior le hicieron saber que con ellos no contasen, transmutarse en conmovedores y enternecidos seres cuando horas antes destilaban inquina o asumir como compañera de consejo a la hasta el día antes etiquetada como valedora de los intereses contrarios; mejor hablamos de cine y de la buena, gratificante y educativa oferta que en estas fechas puede disfrutarse en las pantallas.

«Después de unas elecciones hay que montar gobierno y hacer oposición, pero desterrando las convulsiones»

Como quiera que en el séptimo arte abundan los lúcidos, conviene tenerlos presentes, porque no pocas lecciones nos enseñan en estos singulares y convulsos tiempos, en los que se hace política para criticar, para desgastar al adversario y en el que los hay que promueven el enfrentamiento tachando ya al adversario de enemigo. Por eso recuérdese la advertencia del director David Trueba: «La más inteligente de las tiranías es la que pone a unos contra otros para finalmente provocar el reinando tranquilo de quien ha causado ese enfrentamiento».

Escenifican estar escandalizados por el bloqueo, por la repetición electoral, y resulta que después de recontadas las papeletas que conforman un Parlamento en el que el cantonalismo va al alza, se suceden los gestos que no animan al desbloqueo. ¿Acaso no han entendido que aquí solo vale pactar? Y si no saben igual ya no llegan a la próxima. Lo ha escrito José Fernández Alberto, la crisis económica ha creado precarios económicos pero también precarios políticos. Es decir, que los finiquitos pueden continuar.

Pues eso, que mejor hablamos de cine. En la pedagógica película Mientras dure la guerra, el genial Unamuno nos desenmascara la insensatez de seguir en un país de «los hunos y los hotros», con algunos empeñados en airear el espantajo de «que vienen los bárbaros» y que bien haría en recordar que hasta hace poco, no pocos debieron protegerse en La trinchera infinita para sobrevivir, mientras unos Parásitos hacían realidad un mundo de desigualdades lacerantes en el que un desquiciado Joker fue la espoleta de revueltas callejeras heterogéneas que se extienden por el empobrecimiento, la insatisfacción y la falta de empatía con los dirigentes.

El cine ejerce de guía. La perplejidad aumenta, por tanto responsabilidad, responsabilidad y sensatez es lo que hay que reclamar para preservar el frágil y delicado equilibrio que existe entre el Estado y la sociedad. Después de unas elecciones hay que montar gobierno y también hacer oposición, pero desterrando las convulsiones.