Guantánamo

Joe Biden es el segundo presidente demócrata que no cumple con la promesa del cierre

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Cumple veinte años la cárcel montada por los norteamericanos en su base en la isla cubana, una instalación que se improvisó cuando Estados Unidos se tropezó con un problema logístico de gran calado: ¿dónde meter a las personas que iba deteniendo en medio mundo fruto de su reacción por los atentados del 11M? No fueron pocos los que pasaron semanas, meses y años en cárceles secretas en países aliados de Estados Unidos, pero cuando esa verdad incómoda empezó a aflorar, los norteamericanos optaron por subirlos a casi todos a un avión y mandarlos a Guantánamo. Allí durmieron el sueño... pero no el de los justos, sino un limbo legal que se perpetuó y que se mantiene activo hoy. Un sueño que es una pesadilla para ellos, pero se ve que no para quienes mandan en Washington, pues los años pasan y ahí esta ignominia.

Joe Biden es ya el segundo presidente demócrata al que se puede señalar con el dedo acusador por no cumplir la promesa de desmantelar Guantánamo. Era vicepresidente con Barack Obama, que se mostró enérgico al decir que acabaría con lo que estaba sucediendo en la base en la isla caribeña... pero la fuerza se le fue en las palabras: no tuvo agallas para firmar el decreto correspondiente. Eso sí, no le tembló el pulso a la hora de autorizar y aplaudir una operación a todas luces contraria al derecho internacional para cazar a Bin Laden, pero se ve que era demasiado disparar tiros contra los suyos cerrando Guantánamo. Porque poner fin a la cárcel es abrir las puertas de la verdad y en Washington saben cuán incómodo puede ser lo que se conozca.

No está de más rescatar ahora, con motivo del aniversario, la reciente película 'The Mauritanian', que cuenta la odisea real de un tipo que tuvo la desgracia de conocer a alguien que recibió una llamada de Bin Laden y que, por esas y otras sospechas, fue detenido, encarcelado, torturado y abandonado en Guantánamo. Pudo salir después de una larga, larguísima batalla judicial en la que salió victorioso porque dio con un equipo jurídico que antepuso los ideales de la libertad a un concepto erróneo de la patria. En un momento del filme, hay un soberbio diálogo entre un fiscal y un militar empeñado en que no se sepa lo que allí sucede, y que se resume en que Guantánamo tiene verjas pero no para impedir que se fuguen los detenidos, sino para que nadie pueda entrar a saber lo que allí sucede.

Veinte años después, el país de las libertades tiene ese borrón en su expediente. Uno más.