Psicografías

Ganar y perder

16/06/2018

La línea que separa el éxito del fracaso es tan etérea y tan cambiante que cuando quieres trazarla ya te encuentras en el otro lado, más lejos o más cerca de esos azares tan proteicos como incontrolables. Algunos no entienden que es imposible, una cuestión de física más que de filosofía, estar siempre en lo más alto, en ese top que ahora nombran en inglés pero que lleva siendo el mismo desde que el hombre era un mono y había otro mono que lograba trepar al árbol más alto. Perder y ganar deberían ser verbos compatibles, y sin embargo nos han educado para que sean antagónicos, y así nos va, cambiando muchas veces nuestro humor y hasta nuestro carácter según estemos en los áticos o en los entresuelos de nuestros propios avatares, porque somos nosotros mismos los que nos encaramamos o nos hundimos según las circunstancias.

El otro día escuchaba al jugador de fútbol Andrés Iniesta contando lo que sufrió en el año 2010. Después de tocar el cielo tras marcar un golazo en el descuento contra el Chelsea empezó su declive. En lugar de ascender, comenzó a descender peligrosamente. Se lesionaba cada dos por tres con problemas musculares que estaban unidos a sus desequilibrios psicológicos y se vio asumiendo noticias inesperadas, muertes cercanas y todo ese arrastre de desgracias que empezamos a ver cuando todo se nubla de repente. La vida era la misma de antes, pero en sus adentros había una tormenta interminable que se negaba a buscar la armonía y la belleza. Iniesta perdió en esos meses a Dani Jarque, uno de sus mejores amigos de infancia y juventud. Contó en esa entrevista que tuvo que pedir ayuda y ponerse en manos de psicólogos, psiquiatras y fisioterapeutas para poder seguir adelante. Ahora todos conocemos el final de su historia, pero en aquel momento no había Iniesta en el mundo que pudiera soñar lo que venía, y si vino fue porque logró seguir caminando y dándole una nueva oportunidad a la vida desde la lucha, la fe en el futuro y el trabajo diario. Al paso de unos meses de aquel momento sombrío se vio corriendo por un campo de fútbol de Suráfrica después de marcar el gol más importante de la historia del fútbol español, y en ese instante de gloria fue cuando pudo homenajear a su amigo Dani Jarque haciéndolo partícipe de su alegría, enseñando su nombre al mundo entero, que era en el fondo el nombre de la nueva oportunidad que le había regalado la vida. El fútbol, más allá de los arrogantes y los bravucones, es un deporte que enseña mucho de la vida, y no lo digo yo, que ya lo dijo Albert Camus mucho antes. Ahora comienza otro Mundial y veremos a Iniesta nuevamente regalando belleza en cada pase. Pero no olvidemos que en el fútbol y en la vida lo importante es saber que ganar y perder son verbos siempre azarosos e inevitablemente complementarios. Por suerte o por desgracia.