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Tribuna libre

La marcha del sol hacia el norte

FranLuis Rodríguez Redondo.

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 9 de julio 2024, 22:59

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Los sacerdotes astrónomos de las antiguas culturas, caldeos, babilonios, hindúes, egipcios observaron durante siglos los movimientos del sol, la luna, las estrellas, los planetas y fueron anotando esas observaciones en sus libros sagrados. Se dieron cuenta que el sol cada año realizaba en los cielos un recorrido ascendente de sur a norte que comenzaba en la medianoche del 24 de diciembre después del solsticio de invierno en el signo de Capricornio y se detenía seis meses más tarde el 21 de junio, en el solsticio de verano. Después de estar parado tres días, el 24 de junio hacía el recorrido a la inversa, de norte a sur, para detenerse de nuevo el 21 de diciembre en el solsticio de invierno. El recorrido ascendente de sur a norte duraba seis meses, lo mismo que el descendente, desde el trópico de Cáncer al trópico de Capricornio. Un año tardaba el sol en hacer el recorrido completo a través de los doce signos del Zodiaco. Estos movimientos del sol son aparentes, lógicamente, porque quien se mueve es el planeta Tierra, pero nosotros los vemos desde una posición o perspectiva geocéntrica en el hemisferio norte. Los pueblos antiguos veían en el sol la manifestación divina visible en la Tierra y le dieron culto. Lo llamaron el Salvador del mundo porque les daba la vida y les calentaba la tierra con sus rayos vivificadores, proporcionándoles el alimento. La Biblia también compara a Dios con el sol: «Porque tú eres sol y escudo, oh Yahvéh Elohím» (Salmo 84:12).

Cuando el sol sale de los signos zodiacales inferiores, llamados por los griegos el Averno, por los judíos el Sheól, o los infiernos, sigue su curso hacia el norte y llega al ecuador, entrando en el primer signo zodiacal, Aries, o el Cordero. En los dos hemisferios, los días y las noches tienen la misma duración, es el equinoccio de primavera. Los antiguos celebraban en estas fechas la exaltación del sol y la resurrección del dios Mithra, Osiris, Adonis, Athis. Estas fiestas estaban precedidas de tres días de duelo (símbolo de los tres meses de invierno), durante los cuales se conmemoraba los sufrimientos, la muerte y el descenso a los infiernos de cada uno de estos personajes alegóricos del sol, como también dice el Credo católico sobre Cristo: «Y descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos…» Pero pronto, esta tristeza pública se cambiaba en alegría con motivo de su resurrección , y las demostraciones de alegría eran tan vivas que a estas fiestas las llamaban las Hilarias, del griego hilaros, alegre, donde se conmemoraba el triunfo del dios Sol sobre las tinieblas del invierno. Siglos más tarde los cristianos, bajo este primer signo de Aries empezaron a celebrar la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Iglesia católica conocedora de estos movimientos progresivos del sol durante los tres primeros signos zodiacales, Aries, Tauro y Geminis, (meses de marzo, abril, mayo y junio) celebra en este tiempo, coincidiendo con la subida del sol hacia el trópico de cáncer la fiesta de la Ascensión, porque según el ritual, Cristo subió a los cielos 40 días después de su resurrección. Y después de la Ascensión, a los 10 días viene la fiesta de Pentecostés: el Espíritu santo enviado por Cristo a los apóstoles es una alegoría del poder del sol sobre la tierra. A medida que se eleva hacia el norte, derrama universalmente la vida con su fuego celeste.

Cuando el sol, siguiendo su curso hacia el norte, entraba en el tercer signo del zodiaco, Géminis, en junio, los Griegos paseaban por las calles, con mucha pompa y ceremonia, las imágenes de Baco, su dios Sol, que cambió el agua en vino, según la mitología, como hizo también Jesucristo, según la leyenda evangélica. También los cristianos, en este mismo período celebran por las calles la fiesta del Corpus Christi, en honor de Cristo, cuya imagen se lleva encerrada en una custodia en forma de sol, con sus rayos dorados rodeando la sagrada forma en su interior.

Y por fin el 21 de junio llega el sol al máximo de su exaltación, solsticio de verano y entra en el signo de Cáncer, el Cangrejo. Se le llama así porque el cangrejo camina hacia atrás. El sol cuando llega a este signo cesa en su avance hacia el polo y tres días más tarde comienza a retroceder y vuelve sobre sus pasos. Inicia ahora su marcha descendente de otros seis meses dirigiéndose hacia el ecuador para detenerse nuevamente el 21 de diciembre en el solsticio de invierno, en el signo de Capricornio. Y coincidiendo en que el sol en los meses de julio y agosto está en lo alto en su máxima expresión de fuerza, la Iglesia católica celebra otra fiesta, la Transfiguración del Señor : «Y los llevó a un monte alto y se transfiguró ante ellos, su rostro brillaba como el sol..» (Mateo 17: 1-2). Muchas fiestas religiosas que celebra la Iglesia católica actualmente tienen su origen o fundamento en los movimientos del sol en el universo y han llegado hasta nosotros a través del paganismo, dos claros ejemplos son la pasión y el nacimiento de Jesucristo. Pero esto será tema de otros próximos artículos.

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