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Del director

Es hora de ver hechos

Bienvenida sea la ministra, pero ya está bien de buenas palabras

Francisco Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 29 de enero 2024, 23:03

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El trasiego de ministros a cuenta de la inmigración irregular continúa, cosa que se agradece. Habría que recordar, sin embargo, que en la crisis de los años 2020 y 2021 no había manera de que aparecieran por Arguineguín y cuando lo hicieron se les notaba incómodos por el esfuerzo de coger un avión y volar unos cientos de kilómetros hasta el archipiélago para ser testigos de una gestión que fue en los inicios manifiestamente mejorable.

Ahora da la sensación de que los ministros no quieren ser menos que el Papa Francisco. Que el Sumo Pontífice se interesa por lo que pasa en Canarias y recibe en audiencia a los obispos de las dos diócesis de las islas y al presidente Fernando Clavijo y al vicepresidente Domínguez, pues allá que van ellos a darse un salto al archipiélago para poner cara de interés ante el fenómeno migratorio.

Este miércoles le toca a la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, cuyas competencias reales son todavía un misterio, pues muchas de ellas están depositadas en las autonomías. En todo caso, bienvenida sea, señora ministra. Pero lo será más si, además de las buenas palabras, vemos hechos. Porque ese es el quid de la cuestión: llegan, se hacen la foto, nos regalan buenas palabras y todo sigue igual. Es verdad que se libran más cantidades para la atención en el archipiélago a los inmigrantes, pero ni se actúa en el origen del flujo migratorio ni hay una solución concreta al reparto de los menores. Ya que Rego viene para esto último, recordemos que se han multiplicado las declaraciones de ministros anunciando un cambio en la legislación, de manera que la solidaridad autonómica deje de ser cuestión de buena voluntad y se haga efectiva desde ya, pero a día de hoy no se ha movido ficha.

Las leyes se cambian en las Cortes y es tan fácil como presentar una iniciativa firmada por los partidos que hicieron posible la investidura o, ya puestos, que el Gobierno se saque de la manga un proyecto de ley que enmiende la normativa vigente. Para ambas vías solo hace falta una cosa: tener ganas.

Es mucho más difícil sacar adelante una proposición de ley de amnistía y ya vemos cómo para eso se presta raudo y veloz el Gobierno central, con el PSOE accediendo a todas y cada una de las peticiones de Junts y ERC. Incluso a las que son sobrevenidas ante las últimas decisiones de sus señorías los jueces.

No quiero caer en la demagogia, pero es obligado preguntarse cómo reaccionaría Sánchez si fuese Cataluña la que tuviese a 5.000 menores inmigrantes no acompañados bajo su tutela.

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