Fondos europeos

Representan una oportunidad para transformar la economía canaria pero hay poca confianza en la gestión de la administración pública para que lleguen en tiempo y forma

Silvia Fernández
SILVIA FERNÁNDEZ Las Palmas de Gran Canaria

Los fondos europeos se han convertido en la gran esperanza en una economía golpeada por todos lados a cuenta de la inflación, la subida de los costes energéticos y de las materias primas, así como envuelta en grandes dosis de incertidumbre.

Se confía en que este dinero llegado de Europa, bien a través de ayudas directas o mediante préstamos que requieren de cofinanciación -exigencia que va a ser difícil de cumplir en el entorno al que vamos de encarecimiento de los préstamos y recorte de la facturación empresarial- aupe la economía y la impulse ante una previsible desaceleración.

La esperanza es que estos fondos sean la palanca de la inversión y compensen la caída que tendría la economía sin ellos, haciendo que el PIB tire, manteniendo empleo. Vamos, lo que se espera de ellos es que den una especie de respiración asistida en el momento que se prevé de menor crecimiento económico.

Al tiempo estos fondos tienen otro objetivo que es la transformación de la economía canaria, logrando que actividades más tecnificadas ganen peso.

Se trata, sin duda, de una oportunidad para el cambio y para lograr que lo que se ha convertido en un auténtico mantra -la necesidad de diversificar la economía de las islas- se convierta en realidad. Sin embargo, hay muchas dudas sobre la consecución de los objetivos por la falta de confianza que hay hacia lo público y la capacidad de la administración de gestionar en tiempo y forma estos recursos millonarios. Canarias tiene opción de acceder a unos 5.000 millones de euros hasta 2026. Para llegar hay que coger ritmo. Desde finales de 2021 que se iniciaron los programas hasta ahora no llegan a 500 los millones gestionados. Los datos hablan por sí solos.