¡Firmes: Gibraltar es portugués!

La distancia geográfica entre Reino Unido (también Gibraltar) y Portugal, borrada de un plumazo por un simple –y estratégico- acto administrativo. A favor de su economía, de su turismo y de su empleo

David Morales
DAVID MORALES Las Palmas de Gran Canaria

Por carretera, la distancia kilométrica que separa Gibraltar de Castro Marim –la localidad portuguesa más próxima al peñón británico- es de unos 350 kilómetros, estimándose en 3 horas y media el tiempo que se tarda en recorrer dicha distancia.

Respecto a España, la distancia entre Gibraltar y el centro urbano de La Línea de la Concepción (Cádiz) es de 5 kilómetros, tardando unos 16 minutos en llegar de un sitio a otro –frontera incluida-. Y siempre que se coja, eso sí, la Winston Churchill Avenue, ruta más rápida y con menos tráfico.

Y, a pesar de esas considerables diferencias kilométricas, a día de hoy podemos enunciar, modus militari y sin complejos, que «¡Gibraltar es portugués!». Al contrario de nuestro hispánico «¡Gibraltar es español!», tan humorísticamente reflejado, -allá por 1982, cuando el Mundial de España y Naranjito-, en 'To' er mundo é ¡mejó!', del cineasta Manuel Summers.

¿A cuento de qué refiero esta supuesta 'portuguelización' de Gibraltar? Pues porque, -sin que haya mediado carta del Premier británico Boris Johnson al Primer Ministro Antonio Costa en aras al entendimiento respecto a una propuesta ¿seria, realista y creíble? sobre la autonomía portuguesa de la colonia británica-, desde el punto de vista del turismo, de los viajes y de los controles en frontera, Portugal, en un genial movimiento ajedrecístico modo Gambito de Dama, ha dado un golpe de efecto en el tablero turístico. Dejando sin efecto la consideración de los británicos como viajeros procedentes de un tercer país de fuera de la Unión Europea.

'Portugal to treat British travellers as EU citizens at borders to cut airport queues', titulaba 'The Telegraph' justo tras el final de las vacaciones de Pascua. 'Brits travelling to Portugal to be treated like EU citizens and get fast-track entry', anunciaba hace unos días el 'Daily Mirror'.

Hablando llanamente: «Portugal pasa del Brexit, y evitará a los turistas británicos las colas en el control de pasaportes». Tacatá. Mejor acción promocional de un gran destino turístico, como lo es el país hermano, imposible. Definido por 'The Telegrapgh' como «movimiento astuto de Portugal». Decisión referida a los británicos que dispongan de un pasaporte electrónico, en el que la lectura de datos biométricos evita las colas para los controles y sellados manuales. Generándose ahora en el Reino Unido, eso sí, una avalancha de peticionarios del nuevo modelo de pasaporte, para viajar, primeramente, …a Portugal.

Recordemos que, tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea, los viajeros británicos que desean entrar a cualquier país de la Unión deben, con paciencia, desfilar por la fila del control de pasaportes, siempre más «lenta» que la de quienes ni siquiera tienen que presentar el dni (alemanes, franceses, belgas, italianos, holandeses, …).

Pero ese 'deben' o 'tienen' para los británicos se enmarca tan sólo en una recomendación de la UE a los estados miembros, y no de una obligación administrativa en el caso de viajeros. La distancia geográfica entre Reino Unido (también Gibraltar) y Portugal, borrada de un plumazo por un simple –y estratégico- acto administrativo. A favor de su economía, de su turismo y de su empleo.

Razón por la cual, Portugal, haciendo uso y gala de su soberanía, ha tomado tan estratégica decisión. Justo ahora que la temporada turística de verano calienta motores. Justo ahora que acontece, en miles de hogares británicos, el proceso de la pregunta del año: «¿a dónde vamos de vacaciones?».

Así, normal que destinos tan atractivos y apetecibles como Lisboa, Oporto, Faro o Funchal (Madeira) -que también ofrecen playas, cultura, gastronomía, naturaleza, ..., y hasta ahorro de dos horas menos de vuelo-, empiecen a liderar el 'top ten' de los próximos destinos vacacionales preferidos por los británicos para el Summer'22.

La firme y decidida actuación de Portugal, atendiendo a su soberanía decisoria sin menoscabo del respeto al marco de integración que representa la U.E., me trae a la memoria semejantes circunstancias turísticas experimentadas en los momentos más duros de la Covid. Como cuando aquí mirábamos con envidia al «atrevimiento» y empuje, -portugués también-, respecto a facultar el gobierno luso a su región ultra-periférica de Madeira (R.U.P., como nosotros) el facilitar –en plena pandemia- la llegada de viajeros vía controles sanitarios específicos, distintos a los de su territorio peninsular (y que incluso costeaba el propio gobierno autónomo madeirense). Mientras que, por el contrario, a nosotros se nos esgrimía aquello de «Bruselas no lo permite»… Recuerden también lo acontecido, organizativa y sanitariamente hablando, en el mismísimo aeropuerto bruselense.

¿Y nosotros, en lo que a los pasaportes británicos se refiere? A rebufo, para no perder ciertas costumbres. Aun tratando de mejorar y agilizar aquí los procesos de devolución del tax-free en aeropuertos para atraer al turismo británico de compras (con su siempre poderosa libra esterlina en el bolsillo). Y en Portugal, devolución inmediata de impuestos por la compra de souvenirs de todo tipo y supresión del referido control aduanero a los viajeros británicos. ¿Quién da más?

Sin olvidar tampoco, en lo relativo a 'aquí', que hasta las propias aerolíneas usuarias de Barajas están clamando por la agilización del proceso de control de pasaportes, después de que durante la reciente Semana Santa, ¡3.000 pasajeros! perdieran sus vuelos por motivo de las largas colas que tuvieron que soportar, precisamente, en el control de pasaportes.

Normal que ayer, hoy y siempre (por lo del re-bufo), que Manolo Summers nos hiciera reir tanto con su genial película con cámara oculta, mostrándonos cuán ingenuos y pardillos podemos llegar a ser.

«Estamos reclutando personas para reivindicar la españolidad de Gibraltar», le decía, con severo rictus militar, un supuesto alto cargo del ejército, acompañado por otros 'militares' (tenientes, comandantes, todos bien uniformados), al primer paisano que pasaba por allí. «Es un reclutamiento voluntario, pero obligatorio», continuaba a la vez que el paisano de turno se iba poniendo blanco. '¡Firmes!', y el paisano se cuadraba. «Cuerpo a tierra», y el paisano que se tiraba al suelo. «¡Cante Asturias Patria Querida!», y aquel a cantar. «¿¡Este Peñón de quién es!? ¿¡Le parece bien!? ¡Coja la bandera y grite, Gibraltar Español!».

Necesitamos más Summers que de verdad lideren. Ya sean directores de cine como Manolo que reflejen la España más genuina. Ya sean responsables (turísticos) institucionales que se anticipen, prevean y actúen en el marco de la sana competencia entre destinos. Ya sean muchos más veraneantes ('summers') británicos que nos visiten, aún sea eximiéndoles, temporalmente, de tener que hacer cola en el control de pasaportes. Y que nos permitan seguir siendo eso, un destino 'líder' en todos los sentidos.

Simplemente, 'googleen' en internet, Gibraltar Español Summers. Y échense unas risas,