Escrivá y Sánchez

La unilateralidad es inaceptable en un asunto de hondo calado que afecta a las generaciones venideras

Editorial -
EDITORIAL -

José Luis Escrivá llegó al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones con fama de ser todo un experto en el complejo asunto del funcionamiento del sistema de pensiones y con la encomienda de garantizar el futuro de esas prestaciones publicas. Pero no siempre el conocimiento teórico va acompañado de la habilidad en la gestión pública. Escrivá ya demostró en materia migratoria su escasa empatía y su dificultad para el trabajo en equipo, colocando al Gobierno en su conjunto en un brete por los errores en la gestión de la crisis de 2020, y ahora se está repitiendo esa situación con su propuesta sobre el futuro de las pensiones.

Tras varios cambios de criterio, el Ministerio ha incluido en el documento enviado a la Comisión Europea una fórmula que desconocían muchos en el propio Partido Socialista, que no fue consensuada con el socio de gobierno (Unidas Podemos), de la que no se informó a las Cortes y tampoco a los agentes sociales. Esa unilateralidad es inaceptable en un asunto de hondo calado, que afecta a las generaciones venideras pero también a los trabajadores en activo, y que forma parte de la mesa de diálogo con empresarios y sindicatos.

Escrivá puede ser una autoridad en la teoría sobre las pensiones pero ni siquiera el monopolio de la sabiduría le da derecho a manejarse por su cuenta en una materia que es de todos. Menos aún cuando la propuesta y su puesta en práctica forman parte de los compromisos que asume España para la recepción de los fondos comunitarios destinados a la recuperación económica.

Pero la responsabilidad última no es de Escrivá, sino de quien le deja hacer: Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno de España se encuentra ahora entre la espada y la pared, una incómoda posición que es responsabilidad exclusivamente suya: deberá convencer a sus socios parlamentarios, a Bruselas y a los agentes económicos y sociales. Y todos parten de puntos de partida muy alejados entre sí.

Bastante tiene España con un Gobierno cuya cohesión deja mucho que desear como para ahora añadir el factor desestabilizador de ministros incapaces de articular consensos. El Gobierno es un equipo y las individualidades deben jugar para el mejor resultado colectivo: si alguien va por libre, el error es suyo pero la culpa es de quien lidera el grupo.