Escaparate de decadencia

Es una mala estrategia de marketing ir a Madrid de rodillas y boqueando

Alberto Artiles Castellano
ALBERTO ARTILES CASTELLANO

De nuevo nos agarramos al monocultivo del turismo como única solución, como recurso de urgencia para aliviar todos los males. Es la luz al final del túnel, la única escapatoria a una realidad límite en la que ya no salen las cuentas. Una suerte de «ahora o nunca» que nos asfixia tanto como la marcarilla una tarde de verano. Sin embargo, la solución no es eterna ni garantista. La competencia es feroz, ya lo era antes de la pandemia, y tampoco hemos sabido reinventarnos en este tiempo de parálisis e incertidumbre para diferenciarnos y levantarnos con más brío.

La imagen de ayer en Fitur era la de cada año, pero esta vez sin poder disimular la desesperación. Sonrisas forzadas, gestos torcidos y un lamento por invitación. Mala estrategia de marketing ir a Madrid de rodillas y boqueando. Y es que desde hace tiempo se viene confundiendo turismo con construcción. No por crear más camas o renovar las que han quedado inservibles se capta a más turistas. Mercados emergentes, con más inversión o más baratos pueden mejorar una oferta madura y limitada al sol como la de Canarias.

Es obvio que ningún destino turístico ha sido programado o planificado para hacerse obsoleto. Sin embargo, la falta de planificación, la poca capacidad de reacción e innovación, sumada a los errores pasados de gestión, condenan a la decrepitud. Para evitar ese extremo se requiere del esfuerzo mancomunado de todos los agentes que componen el negocio turístico para apostar por una visión común, un modelo de desarrollo y, sobre todo una gestión que reconduzca e impulse destino.

Ahora también, y más que nunca, el turismo sigue siendo la tabla de salvación para un archipiélago que ha descuidado otros sectores económicos. De ahí la alta dependencia de ciudadanos que han perdido su empleo o están en el limbo de los ERTE porque, directa o indirectamente, su trabajo está relacionado con la oferta turística. Profesionales de la restauración y hostelería, camareros, recepcionistas, cocineros, guías turísticos, vendedores en tiendas de ropa y souvenirs, taxistas, carpinteros o albañiles...

La creación de más mamotretos y playas artificiales, en convivencia con hoteles, apartamentos y centros comerciales setenteros y zonas turísticas deterioradas ponen en serias dificultades a un destino que no se ha sabido reinventar para captar un turismo de calidad, que gaste en nuestros comercios y se lleve buenos recuerdos deseando volver. Fitur volvió a ser el espejo de nuestra decadencia.