Por si le interesa

Es urgente cortar con el franquismo

21/11/2018

Decía en una entrevista José Miguel Monzón Navarro, más conocido como el Gran Wyoming, que no le extraña nada que de un tiempo a esta parte estén brotando tantos franquistas por entre las esquinas porque siempre se dijo a sí mismo que con aprobarse la Constitución e iniciarse la democracia no se pudieron esfumar así como así, como a golpe de un simple chasquido de dedos. Y tiene razón. Por eso ahora tengo la sensación de que estaban como escondidos, cual lobo cazador, agazapados esperando ese momento propicio en el que oliera a sangre, en que la presa, es decir, el régimen democrático, estuviera herido para salir de la caverna y asestarle una mordida mortal.

En democracia cabemos todas las ideologías, da igual el signo, pero hay que cortar lazos con aquel régimen

En esas están ahora. Y me preocupa. Por lo que representan aquellos que van de frente y gritan a los cuatro vientos su nostalgia de la dictadura y su fanatismo por Franco, y sobre todo, por el peligro que nos acecha por parte de aquellos quintacolumnistas que se quedaron, disfrazados de demócratas, en los cenáculos del poder, medrando al calor de la monarquía parlamentaria y autoreplicándose de forma clandestina. Quizás esperaban una señal de alarma, un toque de queda para salir del cajón en el que se habían metido, y esa ha sido, posiblemente sin pretenderlo, la pretensión del gobierno de Pedro Sánchez de exhumar los restos del dictador de su tumba en el Valle de los Caídos.

Les confieso que me ha pillado por sorpresa. El lío montado me demuestra que esta España de los sufragios universales no cortó como debió con el franquismo. No está inmunizada ni concienciada. Pero, parafraseando precisamente a Franco, al que se le atribuye aquella sentencia lapidaria de no hay mal que por bien no venga, pronunciada, se supone, cuando ETA asesinó a su jefe de gobierno, Carrero Blanco, creo que la constatación de estos riesgos nos da margen para vacunarnos de dictadura, de extremismos, de radicalizaciones anttidemocráticas. Y eso hay que hacerlo vía ley. Se me ocurren ideas. Por ejemplo, que no puedan optar a elecciones partidos que no condenen aquella etapa o que la enaltezcan. En democracia cabemos todas las ideologías, da igual el signo, pero hay que cortar lazos con aquel régimen. No debe haber excusas.