Las venas abiertas

El Quijote insularista

12/06/2018

Hay pocas cosas más accidentales que el lugar en el que naces. Sin embargo, la patria, ya sea grande o chica, acaba siempre ensartada como la bayoneta antes de una batalla. Es motivo de conflictos, grandes guerras o pequeñas trifulcas. En las islas existen siete realidades que probablemente hayan evitado la existencia de un nacionalismo homogéneo, y los que añaden ese ideal a su discurso lo hacen, pasada la adolescencia ya es difícil que nos engañen, por una pura razón de mercado.

Pasa por ejemplo con esa alianza electoral que sellaron en Coalición Canaria con Unidos por Gran Canaria, la marca unipersonal de José Miguel Bravo de Laguna. El histórico e inteligente político grancanario ejerció como el último Quijote vivo del insularismo. Cabalgó frente a los molinos del Gobierno de Paulino Rivero en una lucha insularista en la que demandó más apoyo, mientras gobernaba el Cabildo, con un único enemigo en su radar: Coalición Canaria.

Fue una gran operación de mercadotecnia, con la que además selló su venganza fundando un partido en menos de lo que se tarda en pronunciar la palabra traición, cuando el Partido Popular de las islas cometió el gran error de bajarlo de su sillón de presidente del Cabildo. Y les robó con la camiseta amarilla puesta cuatro consejeros en el Pleno. Una jugada maestra y de gran eficacia, montada contrarreloj y que pasará a los anales de la historia.

«En las islas existen siete realidades que han evitado la existencia de un nacionalismo homogéneo»

Ahora todo aquello queda bajo las alfombras, esperando ser barrido. Y Bravo de Laguna posa en la foto y celebra con fastos su alianza en la isla con Coalición.

Habrá muchos, más de los deseables, que den por bueno el trasfondo del asunto. Sin valorar los antecedentes de cada uno, sin apreciar que detrás de esta nueva confluencia solo hay una operación aritmética en la que ambos buscan sumar sus debilidades en la búsqueda de fortaleza en las urnas. Una jugada con la que una Coalición sin escrúpulos para hacer de Canarias su patio de juegos sin haber logrado en décadas una victoria rotunda en las urnas no le importa meter bajo sus sábanas al político que más les ha castigado, con permiso del siempre belicoso Román Rodríguez, atacando su insularismo. Solo las urnas nos demostrarán si estamos equivocados y el signo de los tiempos no se queda en lo superficial. Si de verdad se hace memoria.

Pero para el escalafón de las incoherencias políticas quedará el movimiento de Bravo de Laguna, que ya en su día fue sostén de gobiernos de Coalición Canaria cuando presidía el PP en las islas.

Cuando la política rejuveneció a Bravo de Laguna y llevó a la presidencia del Cabildo le sentó muy bien el disfraz de Quijote del insularismo. Era una percha vieja, pero más notable que la de ser un andamio más para Coalición.